Plaza Nueva

  • Diario Digital | jueves, 02 de abril de 2020
  • Actualizado 00:51

La crisis

Anticipo que me voy a centrar solamente en su vertiente económica, ya que para abordarla en su totalidad, corrupción generalizada, intereses partidistas, políticas, derroches innecesarios, burbuja inmobiliaria etc. etc. me llevaría a escribir un libro de muchos folios y este no es hoy mi propósito.



Estamos sufriendo una de las peores crisis económicas que se recuerde y a mi entender, nadie o casi nadie nos explica un dato altamente significativo: la globalización.



Bajo esta sinrazón globalizadora, vemos meridianamente claro que las empresas pequeñas, medianas y grandes, se van a fabricar donde la mano de obra la encuentran más barata, con sueldos bajísimos, muchas veces incluso miserables, para posteriormente vendernos sus productos lo más caros que puedan colocarnos.



En la actualidad, en España, nos encontramos con un paro del 25% en cifras redondas, el cual, entre varias causas, ha sido originado por los varios miles de empresas españolas y extranjeras, grandes, medianas y pequeñas que nos han abandonado para irse a fabricar a otros países aprovechándose de la mencionada globalización.



Peor aún, las grandes empresas multinacionales que tanta influencia y poder tienen sobre los gobiernos, que mueven una gran masa de mercaderías, paralelamente han propiciado con su actuación que países como China y países emergentes también, puedan entrar en nuestros mercados sin apenas pagar los oportunos y justos aranceles.



Si existiese una mínima ética exigible regulatoria de estas transacciones comerciales, debería implantarse una claúsula regulatoria que paliase este desafuero en el que además, la mano de obra, (hoy la gran perdedora) recibiera por su trabajo lo que legítimamente le corresponde.



Principalmente, debería ser que los países exportadores cuyo sueldo base fuera inferior al salario del país receptor, tuviese que abonar el diferencial correspondiente en aranceles para poder vender a los países que pagan salarios más altos. Ya sé, que se me va a decir que esto se llama proteccionismo trasnochado, pero habría que decirles que cuando implantaron este sistema de “puertas abiertas al comercio”, pensaron sólo egoístamente en su propio beneficio y se olvidaron olímpicamente en preestablecer unas mínimas normas de protección progresiva tanto para los estados receptores, sus empresas y clase trabajadora a partes iguales, que quedaron y siguen luchando en inferioridad de condiciones.



Si estas mínimas condiciones de salvaguarda se hubiesen pactado, los principales países de los llamados emergentes estarían fuertemente incentivados y obligados para elevar los salarios a su mano de obra y pagar menos aranceles porcentuales.



Está bien claro, que sin este abuso de globalizador, hoy nuestro paro laboral en general, no excedería de un 5% como mucho.



Cuando España estaba sola, antes de entrar en la Comunidad Europea, nada hubiera podido hacer para defenderse ante esta desfavorable situación.



Ahora, estamos dentro de un importante grupo de naciones que tiene la potencia político-económica para hacerse oír, respetar y tratar de corregir paulatina y continuadamente, este tremendo desequilibrio comercial con sus nefastas consecuencias sociolaborales.



De no cambiar este sombrío panorama, seguiremos importando muchas mercancías que podríamos fabricar aquí, con el consiguiente aumento de los puestos de trabajo y mejoría de la balanza de pagos. Para poder sobrevivir y también exportar, nuestras empresas se ven obligadas a reclamar a sus empleados unas constantes rebajas salariales con el consiguiente empobrecimiento general para todos nosotros.



Hagamos entre todos un llamamiento al Parlamento Europeo y a quien pueda corresponder, para que estas sinrazones se encaucen y resuelvan en aras de una mayor justicia social tanto para los países emergentes exportadores como a los países importadores sufridores de estos mencionados múltiples abusos comerciales.



Aprovecho esta oportunidad, para pedir a todos que compremos preferentemente productos fabricados en España y así, contribuir a proteger nuestros puestos de trabajo tan necesarios y tan escasos.