Plaza Nueva

  • Diario Digital | miércoles, 05 de agosto de 2020
  • Actualizado 03:47

No hay proyecto, ni instalaciones

Una tras otra, las distintas legislaturas han constatado ese vacío de objetivos claros y definidos.
No hay proyecto, ni instalaciones

Hay una parte positiva al ver estos días movilizados conjuntamente a los clubes deportivos de Tudela reclamando instalaciones deportivas a la altura de las necesidades y del siglo XXI. Y no es otra sino que alegra ver movilizarse a la ciudadanía después de llevar décadas, legislatura tras legislatura, tragando carros y carretas al carecer la ciudad de un proyecto con objetivos claros y definidos no sólo en materia deportiva, sino en todos los ámbitos que rodean la vida en nuestra ilustre, leal y noble ciudad.

La Alcaldía de Luis Campoy Zueco pasó en Europa, con Estrasburgo como sede. La de Luis Casado Oliver fue la del buenismo como profesión. La de Eneko Larrarte Huguet fue la del parcheo de la inacción anterior, -ya que no tuvo tiempo para más-, y ahora Alejandro Toquero Gil se encuentra con los deportistas reclamando unas instalaciones que en la ciudad cuentan con unas carencias increíbles. ¡A ver si son capaces al menos de sacar adelante la Carta de Capitalidad y poder así dar pasos de una vez para poder invertir en cuanto hace falta! No son sólo campos y estadios de fútbol, sino más piscinas y polideportivos, entre otras muchísimas cosas -si bien con esto se podría empezar-, porque la capital de la Mejana se está quedando muy muy atrás y está dejando de ser esa ciudad agradable, cosmopolita y puntera que fue en los ’70 y primeros ’80 e incluso ’90.

Entretanto, creo que parchear el Elola -que siempre lo será el Ciudad de Tudela-, que es lo que parece que se va a hacer, a la postre, va a ser un pegote más, como lo fueron las rotondas en los tiempos de Aurelio Rubio, que se hicieron unas cuantas de ellas, en lugar de plantear alternativas para dejar de tener la ciudad partida en dos, con más viales que Avenida Merindades, tiempos en los que se sucumbió a los intereses inmobiliarios haciendo bodrios como la plaza de la Constitución, en lugar de plantear alternativas a la Avenida de Zaragoza y hacer transitable lo nuevo con el Casco Antiguo, el Ebro y todos nuestros caminos. Es un sinfín el número de ejemplos que en todas las áreas se podrían enumerar.

Como estamos acostumbrados. El que no arregla gotera, repara tejado, y con estas instalaciones, se haga lo que se haga, se gastará muchísimo más de lo necesario, para al final seguir cojos, ¡al tiempo! Parece que Tudela no ha aprendido la lección de la obra ‘pilárica' del Gaztambide… ¡Once años cerrado y una fortuna ingente invertida, para luego no tener para invertir en obras y convertir el magnífico teatro en un referente cultural para todo el Valle del Ebro! O como el Centro Cívico de Moneo, en Sementales, que no pasó de carísima ensoñación. O como la ingente cantidad de dinero regalada al Arzobispado por la Iglesia de San Nicolás, con la que aún no se sabe qué hacer, aunque estamos entretenidos repasando nuestra historia mientras vayan sacando restos… O con la Catedral de Santa María La Mayor, que dan ganas de llorar de la falta de recorrido y perspectivas de futuro que se le ha dado. O con la casa de Don Colchón, en Vuelta del Castillo. Fuera de ordenación, a la que Casado destinó una parva de millones, que no valía, para que aún siga ahí en pie, ensombreciendo el pasado de los restos del castillo de nuestro Rey más insigne, Sancho Vll El Fuerte, cuyas obras de puesta en valor ha paralizado Toquero porque, al parecer, todo lo bueno de otros no puede hacer sombra al faraón. ¡Y así nos va! ¡Darle duro, que veréis qué bien!

Reparar el Elola es una más de las carencias que arrastramos como ciudad porque no somos capaces de alcanzar el consenso suficiente para reclamar, proyectar, financiar -y pedir lo que merecemos- y pagar lo que realmente necesitamos. Llevamos demasiados años parcheándolo todo, porque no tenemos proyecto de convivencia ni de futuro. Y lo más triste ahora va a ser ver cómo, nuevamente, se hace una apaño en lugar de pensar con claridad en el futuro. ¡Pasarán otros 20 años, y seguiremos igual! ¡Ojalá me equivoque!

Con estos bueyes hay que arar, lo sé, pero así dan ganas de irse a pacer a otras tierras. ¡Pensémoslo un poco, todos, por favor, en armonía y sana y sincera competencia!