Plaza Nueva

  • Diario Digital | domingo, 19 de enero de 2020
  • Actualizado 23:01

El árbol de la vida

El árbol de la vida

No hemos podido elegir mejor símbolo para representar este diciembre en este Extra de Navidad de Plaza Nueva que este árbol de Navidad que hemos imaginado a nuestro estilo en su portada, rodeado de símbolos, pero árbol completo y pleno, en el fondo.

Esta imagen típica es aquí árbol de la vida, árbol del conocimiento, tronco de paz, ilusión, salud y futuro, que simboliza, desde la religiosidad y también desde el puro misterio que encierra la vida y el transcurrir del tiempo, ese hilo invisible que todo lo une, que a todos nos enlaza y que a todo cubre e influye, guste o no, porque este planeta que disfrutamos es todo uno, por más que intenten separnos, individualizarnos, para manipularnos más fácil desde todos los frentes.

Así, partiendo de esos símbolos que rodean la Navidad, podemos pensar que es este árbol la flecha y el fin que conduce en buena dirección nuestras vidas. Dirigidas siempre hacia lo mejor, porque cada día es lo más adecuado lo que nos va llevando por el libro escrito de nuestros destinos.

Lo demás es sólo ilusión, y si llegamos para partir, ¿qué sentido tiene estar cada día malogrando nuestro destino o codiciando cuanto la vida no nos prodiga?

Saber conformarse, saber conducirse por el día a día es la clave de este icono de este mes, que nos dirige todo el año en una dirección sin retorno y nos recuerda la más importante de las lecciones: Nada tiene sentido si no sabemos sacar jugo a cada instante, a cada segundo de este mar que nos hemos empeñado en llenar de lágrimas, cuando sólo es océano de gozo, plenitud y felicidad.

Cuesta verlo, por más que marque el camino y se vea con claridad la dirección a tomar.

¿Para qué dejarse dominar por absurdas modas, por efímeros gestos, por caminos de gloria que el espíritu humano de verdad desdeña desde su ser puro?

Es difícil dejar que la sencillez, la humildad y la vida nos guíen, la contaminación a nuestro alrededor es ingente, pero la luz, se ve al final de ese camino que marca no sólo el árbol de Navidad, sino ese bosque frondoso y lumínico que es la vida, si somos capaces de saber mirarla, de verdad, cara a cara sin rubor.

Mariano N. Lacarra

Director