Plaza Nueva

  • Diario Digital | jueves, 24 de septiembre de 2020
  • Actualizado 11:30

Siniestralidad y precariedad laboral

Siniestralidad y precariedad laboral

Pablo sabe que la zona a soldar está demasiado alta para acceder a ella con comodidad pero es tarde y ya le han dicho que no pueden conseguir una plataforma elevadora hasta mañana. Cada hora con la máquina parada supone una ruina para una fábrica que ya lleva demasiadas horas sin materia prima y ha tenido que mandar un turno para casa. El encargado de mantenimiento está enfadado y el responsable de producción se sube por las paredes, por lo que es consciente de que si no lo soluciona se buscarán a otro para la próxima avería. Después de 9 horas trabajando lo único que quiere es terminar lo antes posible e irse a casa a darse una ducha y dormir. Sólo tiene que subirse al último escalón y estirarse un poco, no tiene por qué pasar nada. 

La de Pablo bien podría ser la historia de uno de los 785.979 accidentes laborales ocurridos en el estado español en los siete primeros meses del 2019, o incluso la de uno de los 371 trabajadores y trabajadoras muertas en el tajo de ese mismo período. La siniestralidad ha aumentado este año un 1,5% respecto a los ya terribles 773.926 accidentes con 392 fallecidos del año anterior en el mismo periodo. En 2018 tuvimos un total de 1.348.174 accidentes laborales y nos dejó un lamentable saldo de 725 personas que perdieron la vida debido a su trabajo. Números escalofriantes que son sistemáticamente silenciados e ignorados en un país que sigue sin considerarlos una prioridad política a pesar de que no dejan de crecer de manera alarmante desde el año 2012. 

En Navarra las estadísticas son todavía más preocupantes. De enero a julio se han producido un total de 12.769 accidentes, 1.102 más que el mismo período del año 2018. Esto supone un incremento de la siniestralidad en nuestra comunidad del 9,4% frente al año anterior, que se une al 9,9% de incremento sufrido entre los años 2017 y 2018 situando Navarra muy por encima de los porcentajes estatales. Frías cifras que no acaban de reflejar el drama que esto supone para los trabajadores y trabajadoras navarras. Detrás de estas hay cientos de mutilados, desfigurados, lisiados o heridos, además de la terrible tragedia que suponen los 9 accidentes mortales registrados hasta julio o los 10 fallecidos a consecuencia de su trabajo en el año 2018. 

Estos alarmantes datos, absolutamente inaceptables, son consecuencia de la precariedad laboral a la que está sometida la clase trabajadora de este país. Precariedad que no es tanto consecuencia de la crisis económica, como de unas políticas y un modelo muy concretos. La ofensiva neoliberal del capitalismo ha recorrido un largo camino limitando nuestros derechos mediante leyes como la legalización de las ETTs de 1994 impulsada por Felipe González o las reformas laborales del PSOE en 2010 y el PP en 2012. Con la salida de la crisis financiera de 2008, se ha aprovechado el miedo al desempleo para crear trabajo de escasa calidad que no tiene los estándares de seguridad alcanzados en la pasada década. Esto ha desembocado en una ausencia de condiciones dignas para una mayoría trabajadora que nos mantiene atemorizados ante la imposibilidad de desarrollar un proyecto de vida con un mínimo de certeza y convierte a las trabajadoras y trabajadores de este país en máquinas fácilmente sustituibles y en cuya seguridad y mantenimiento no merece la pena invertir. Largas y extenuantes jornadas de trabajo, deficientes medidas de seguridad, formación de escasa calidad, poca experiencia y prisa por la ejecución de los quehaceres suponen un cóctel que genera un intolerable coste en vidas y sufrimiento a la clase trabajadora. Vidas sacrificadas en el altar de la productividad como la del trabajador de 45 años ahogado entre vapores de ácido el pasado 14 de septiembre o como la del vecino de Etxarri de 35 años aplastado por una máquina en junio. 

La siniestralidad laboral es un problema colectivo que nos afecta a la mayoría trabajadora y, por tanto, requiere de una respuesta colectiva. Frente a esta situación llamamos a la concienciación y organización sindical de la clase trabajadora. Sólo desde la concienciación podemos detectar y prevenir las situaciones de riesgo que vivimos las trabajadoras y los trabajadores cada día. Sólo desde la unión podemos obtener la valentía y el apoyo para exigir que en nuestro puesto de trabajo se cumpla con la normativa laboral vigente, como puede ser la existencia de representación sindical o el cumplimiento del Estatuto de los Trabajadores, el Convenio Colectivo correspondiente y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Sólo desde la organización podemos reclamar que se tomen medidas políticas que garanticen unos niveles suficientes de seguridad en trabajo. Sólo desde la lucha colectiva podemos presionar para que nuestras demandas sean tenidas en cuenta. Sólo con un colectivo de trabajadoras y trabajadores concienciados, informados, unidos y organizados podemos conseguir revertir estas terribles cifras que tanto dolor y angustia suponen para la clase trabajadora.

Defiende tus derechos, organízate sindicalmente y lucha. Sólo la unión hace la fuerza.

Fermín Bear, Fernando Irisarri, y Carlos Guzmán
 Militantes del PCE-EPK Navarra