Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 03 de julio de 2020
  • Actualizado 16:33

Agua y cambio climático, ¿más regadío? (I de III)

Agua y cambio climático, ¿más regadío? (I de III)

Ya nadie se atreve a poner en duda que han disminuido las precipitaciones y que han aumentado los fenómenos extremos de sequías e inundaciones, afectando seriamente a los caudales de los ríos 

El CEDEX (organismo dependiente de los Ministerios de Fomento y de Transición Ecológica) estima una reducción de la escorrentía en la Cuenca del Ebro del 27% para 2100.

Son más precisos los datos que aporta el proyecto LIFE MEDACC desarrollado por la Oficina Catalana del Canvi Climatic. Los estudios que han realizado en el río Segre (un río con un comportamiento parecido al de nuestros ríos pirenaicos) demuestran que el cambio climático ya está aquí. En los últimos 50 años los caudales de cabecera se han reducido en un 16,2% (un 42% en verano). Las causas son en primer lugar las menores precipitaciones, pero también una mayor evotranspiración y menor escorrentía por el abandono de los prados de montaña y una menor gestión forestal.

En el mismo periodo de tiempo, los consumos para regadío del Canal de Urgell han aumentado a casi el doble. Las razones son una mayor intensificación de los cultivos de regadío y la mayor evotranspiración por las altas temperaturas estivales. Ello ha motivamos que, en los tramos medios del río, el descenso de caudal en el último medio siglo sea cercano al 50%.

En cuanto a las previsiones futuras señalan que para el año 2029, el embalse de RIALP, que alimenta al canal Segarra Garrigues (contemporáneo del Canal de Navarra), podría llegar a secarse en plena temporada de riego. Señalan también que las tecnologías para aumentar la eficiencia de riego y establecer cultivos de menor consumo siendo importantes, son insuficientes. Para evitar conflictos futuros, proponen revisar las concesiones de los nuevos regadíos. (Para más información ver el magnífico artículo del director del proyecto MEDACC, Gabriel Borrás “Canvi climatic y canvi global a la conca del Segre”)

Los regadíos en Navarra suponen más del 80% del consumo de agua. Decir cambio climático es decir menos disponibilidad de agua, y lo lógico sería aplicar el principio de precaución antes de promover nuevas superficies de riego. Pero, por el contrario, hay una especie de negacionismo hidraúlico, que no quiere reconocer la disminución de caudales y sigue apostando por unas políticas de regadío suicidas con demandas insostenibles. Veamos algunos ejemplos: 

Un estudio de la Junta de Castilla y León propone, como “acciones y medidas contra el cambio climático”, construir nuevos embalses en la cuenca del Duero (2.000 nuevos Hm3) y un “desarrollo competitivo del regadío” con miles de nuevas has.

El Gobierno de Murcia, pocas semanas después de que informes oficiales señalan a los regadíos industriales como los culpables de la muerte del Mar Menor, ha presentado una ponencia en la COP25 de Madrid afirmando que el trasvase Tajo Segura y la agricultura murciana frenan el cambio climático por su contribución a la retención de carbono, ignorando los consumos energéticos de la maquinaria y de los fertilizantes. 

El Gobierno central propone un trasvase del exprimido Tajo a las Tablas de Daimiel, en lugar de actuar contra los regadíos y los pozos ilegales que las han desecado. El Plan Hidrológico del Ebro todavía contempla 400.000 nuevas has de regadío, parte de ellas en Navarra. 

Al menos en Navarra la Hoja de Ruta del Cambio Climático (HCCN-KLINA) dice que se tendrá en cuenta el cambio climático a la hora de definir la superficie de regadío de la segunda fase del Canal de Navarra. Habrá que verlo, porque sigue habiendo muchas voces que reclaman las 21.500 has de la segunda fase y que quieren resucitar viejos proyectos de embalses y regadíos.

La primera pregunta que hay que hacerse es si va a haber suficiente agua. Veamos algunos datos del río Irati, del embalse de Itoiz y del Canal De Navarra. Los volúmenes asignados del embalse son 340 hm3 para el riego de 53.125 ha (incluida segunda fase), 60 hm3 para abastecimiento y 60 hm3 para caudal ambiental, un total de 460 hm3/año. El problema radica en que muchos años las aportaciones que llegan a Itoiz son inferiores a las demandas previstas. No nos inventamos nada, según los datos de la Confederación, en los 10 años entre 1990 y 2000, sólo en tres ocasiones las aportaciones superaron a las futuras demandas. Con las previsiones de mayores reducciones de caudales, poner en riego 24.000 ha en la segunda fase es una bomba de relojería.

La segunda pregunta es si se justifican social, ambiental y económicamente los nuevos regadíos. Veamos otro ejemplo, esta vez en el río Ega. En el programa electoral de una fuerza política aparece de nuevo el embalse de Rio Mayor. Este embalse situado a la altura de Allo se llenaría con aguas de invierno del Ega y se destinaría a poner en riego (mediante elevación) 7.000 has del piedemonte sur de Montejurra. En su día el proyecto fue rechazado por numerosos agricultores que se negaban a perder un secano relativamente húmedo con cereal, olivar y viña, para sustituirlo por parcelas de regadío con un mínimo de 5 has, que destrozaría un modelo secular de cultivo sostenible de secano, concentraría la propiedad y además pondría en peligro la salud del río

Mucha gente identifica el regadío con el progreso social y así ha sido cuando la mayoría de la población vivía del campo. Hoy, en las zonas de regadío intensivo, las explotaciones familiares están en franco retroceso y lo que aumenta son las explotaciones con perfil empresario-industrial (incluyendo algunas cooperativas) con empleados y sin agricultores. 

Además, están contaminando de nitratos los acuíferos y los ríos. Como muestra basta ver el Plan del Ciclo Urbano del Agua, recientemente aprobado, que justifica llevar agua de boca del Canal de Navarra y de los acuíferos de Lokiz a la Zona Media y a la Ribera, porque los pozos de los acuíferos aluviales, de los que se abastecen, están contaminados por la actividad agraria intensiva.

La adaptación al cambio climático obliga a abandonar los proyectos de nuevos regadíos, que hasta la fecha se han tragado, no sólo el agua, sino también la mayor parte de los recursos públicos para la agricultura y la ganadería. Las subvenciones públicas y la reforma de la PAC pueden ser excelentes herramientas para cambiar de rumbo y fomentar una agricultura y ganadería más sostenibles y adaptadas al cambio climático: mejorar los actuales regadíos para que consuman y contaminen menos, pero también muy importante, promover las explotaciones familiares, la ganadería extensiva, la agricultura ecológica, los regadíos tradicionales y la agricultura de secano. A ver qué buenas nuevas nos trae el prometido Plan de Regadíos y ¿por qué no también un Plan del secano y de la ganadería extensiva?

En dos próximos artículos abordaremos los embalses y los caudales ambientales. Intentaremos dar argumentos para demostrar que, en materia de agua, las mejores medidas de adaptación al cambio climáticos son, además de disminuir las demandas, mantener y recuperar el buen estado de nuestros ríos y acuíferos.

Charo Brinquis y Fito Jiménez
URBIZI (Red en defensa de los ríos)