Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 22 de noviembre de 2019
  • Actualizado 16:50

¿Quién protege a los mayores?

¿Quién protege a los mayores?

Una serie de acontecimientos vividos en los últimos meses con una persona de edad avanzada muy próxima, me ha hecho hacerme esta pregunta. ¿Quién protege a nuestros mayores? No ya quién los cuida, sino qué estamento oficial se dedica a ayudarles y protegerles en situaciones complejas para ellos.

Como en algunas películas comenzaremos con el rótulo de; “esta reflexión está basada en hechos reales, pero los personajes son ficticios para evitar cualquier problema posterior”. Supongamos que una persona muy querida está casada en segundas nupcias y en momentos dados te pide que le ayudes a superar situaciones complejas con esa persona. La autoridad en este caso la tiene ella y no los hijos o nietos. A raíz de esa petición te movilizas para informarte de maneras de defenderle ante comportamientos deshonestos.  Llegas a la conclusión de que tenemos una gran situación de indefensión ante los y las canallas. Que este mundo está diseñado para ese tipo de gentes sin escrúpulos, que practican la hipocresía y la teatralidad para dar una apariencia de lo que no son y tampoco hacen.

Verlo desde dentro y poder comparar con el comportamiento externo te hace tener una visión completa. Comprender y observar la falta de cuidados, incluso de todo lo contrario te subleva y decides recurrir a los organismos oficiales. Servicios sociales de Ayuntamiento y comunidad, policía municipal, foral, nacional. Todo con el mismo resultado; con los instrumentos actuales no se puede hacer nada.

Sólo pueden intervenir si demuestras que la persona querida está incapacitada mentalmente, o si existe maltrato físico, repito; físico exclusivamente, que no era éste el caso.    

Así que otras variantes como maltrato psicológico, económico, o falta de atención quedan fuera de la posible intervención de las diferentes autoridades. Indefensión.

¿Qué pasa si esa persona manipula el comportamiento de la otra intentado aparentar que es agresivo, o que está loco, con provocaciones constantes en público? Nada. 

¿Qué ocurre si maniobra para tener un control mayor del dinero incluso con trasvases a otras cuentas de manera irregular? Nada, porque tal y como me dijo la policía, en el seno del matrimonio no existe el delito económico. Aunque estemos hablando de una persona del 93 años.

¿Qué sucede si a esa persona, diabética con tratamiento de insulina, se le compra cantidades ingentes de productos absolutamente desaconsejados como higos, cerezas, pan blanco, o se le atiborra de comida? ¿Incluso si esa mala práctica alimenticia se refleja en los informes médicos de los numerosos ingresos producidos por hiperglucemia? Nada. 

¿Existe formas de deshacerse de una persona de edad que necesita un gran cuidado de esa manera, sin que sea delito? 

¿Qué se puede hacer ante situaciones parecidas que probablemente sean más numerosas de lo que parece?

Después de esa experiencia personal llegué a una conclusión. Opino que resulta absolutamente imprescindible crear la figura del “Defensor del Mayor”, o algo parecido tanto a nivel estatal como autonómico, con una conexión directa con Fiscalía y los diferentes organismos oficiales, servicios sociales, policía municipal, foral y nacional.     

Que cualquier caso que tenga que ver con esta problemática se pueda llevar para investigar y en su caso intervenir. Que lo puedan hacer no sólo familiares, también vecinos, o personas allegadas. 

El problema existe, parece que cada día será de mayor envergadura, por eso urge tomar medidas. A mi persona querida ya no le afectará porque hace unos días que se nos fue, pero si sirve para otros y otras me conformo.

Veremos…