Plaza Nueva

  • Diario Digital | domingo, 07 de junio de 2020
  • Actualizado 00:51

No es muy difícil repartir una tarta: por un pedazo un poco mayor o menor, tampoco nos vamos a quejar. A partir de ahí, comienzan los problemas. Hay que repartir puestos para las listas electorales. Hay que repartir fondos de la Política Agraria Común (PAC). Hay que repartir la cadena de valor que generan los diferentes productos del campo. Hay que repartir la herencia de los abuelos. Hay que repartir el tiempo para cuidar, precisamente, a los abuelos. 

Sí, la mayor parte de los conflictos que conocemos tienen que ver con repartos. Ahora vienen las elecciones en Galicia y el País Vasco: ya está el lío montado. Cada partido hace sus números, de manera que ya se sabe los puestos que tienen premio, los que simplemente son para rellenar la lista y el pequeño margen dependiente de los resultados electorales. ¿Tiene que ver la destitución de Alfonso Alonso en el PP vasco por este tipo de disputas? ¿O es debido a que “sólo ha pensado en sí mismo”?

Sí. El reto de la economía y la política es crear mecanismos para que el interés personal asociado al bien común. 

Respecto del tema de la agricultura, ocurre lo mismo. Sea desde el punto de vista de la PAC o de la cadena de suministro, lo complicado es repartir eficientemente el valor final del producto. Un teórico nos diría: “los precios reflejan la situación del mercado; nosotros no debemos mover un dedo”. Sin embargo, en teoría la teoría es igual a la práctica. En la práctica, no.

¿Y las herencias? ¿Cuántas familias han desmembrado?

La lógica es siempre la misma: “yo nunca voy a tener problemas, siempre y cuando me den lo que merezco”.

    Cuando sumamos los merecimientos, el resultado es de más del 200% de la herencia. 

    No se puede repartir lo que no existe.