Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 30 de mayo de 2020
  • Actualizado 01:04

Somos más débiles de lo que parece: un simple virus está hace que se tambalee la economía global, hunde las bolsas y crea una incertidumbre de dimensiones colosales. ¿Cómo afrontar esta crisis? ¿Podemos aprender algo de ella? ¿Corremos el riesgo de terminar paralizados?

Para empezar, esta historia es una cura de humildad. Cuando está de moda el transhumanismo, la investigación relacionada con el cerebro y los ordenadores cuánticos, debemos recordar que somos simple química. Teníamos nuestras capacidades tecnológicas sobredimensionadas, y un mínimo descuido hace que los frágiles equilibrios en los que viven las sociedades actuales se tambaleen. Una primera enseñanza es esa: tanto mirar hacia adelante, buscando siempre crecimiento económico y financiero nos lleva a olvidar nuestros cimientos. En estos cimientos incluimos aspectos preocupantes como la desigualdad, crisis como la de los refugiados en Lesbos, la plaga de langosta en el noreste de Africa, el cambio climático y la alta polarización de la sociedad. Si no encontramos mecanismos para revertir estos problemas, mal andaremos. Por desgracia, a muchos dirigentes les interesa fomentar  enfrentamientos artificiales para mantenerse en su puesto.

Volvemos a lo principal. Somos química regulada por algoritmos. De carbono, pero algoritmos. No hay tanta diferencia con los ordenadores: estos aparatos son algoritmos de silicio. Eso quiere decir que ante un problema usamos mecanismos preestablecidos basados en nuestras experiencias previas, nuestro conocimiento, nuestra genética y muy importante, nuestra epigenética (los cambios en los genes debidos al efecto del entorno). Claro que la reflexión y la racionalidad son importantes, pero no tenemos tiempo de procesar conscientemente toda la información que recibimos.

Para terminar, la química que nos forma tiene un valor estimado de 150 dólares (investigadores del MIT). No obstante, sabemos que no es así. Hacemos todo lo posible por mantener la vida de una persona.

Pensándolo bien, es lo único que tenemos.