Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 11 de julio de 2020
  • Actualizado 22:26

Prejuicios

La que se ha montado con el triste asesinado de George Floyd. Miles de estatuas corren peligro, ya que están dedicadas a “malvados conquistadores”. Algunas películas son retiradas de plataformas de cine debido a que tienen, supuestamente, “toques racistas”. ¿Qué comentar de todo ello? Simplemente, la primera idea que dan siempre los historiadores. “No se puede valorar el pasado con  los criterios del presente”. Punto.

Ahora bien, ¿todos estos conflictos son debidos al racismo? ¿Qué es ser racista? 

Una definición razonable sería pensar que unas personas son diferentes de otras, simplemente, por su raza. Así, para un racista hay cierta jerarquía entre las personas. Desde este enfoque, podríamos “ordenar la sociedad”. Sin embargo, es obvio que una minoría minoritaria es la que piensa así. Más aún: alguien que se considere así mismo racista quedaría, con justicia, estigmatizado.

No. El racismo no existe. Lo que existe es el miedo a la pobreza. Es un tema de causalidad inversa. Como la pobreza es más común a unas razas que a otras, usamos esa asociación mental de manera que si tenemos como vecinos a inmigrantes nos podemos llegar a sentir más incómodos. Ahora bien, ¿a quién preferimos a nuestro lado? ¿Barack Obama o una familia desestructurada con problemas de drogas? La respuesta está clara.

Los problemas que existen no son de racismo. Son de segregación: personas que viven en barrios marginales en los que cuesta mucho prosperar. En estos lugares no es difícil caer en el mundo de las drogas o el alcohol. En definitiva, es un tema de falta de igualdad de oportunidades. Y eso es más grave que la falta de igualdad monetaria.

Mientras dure la marea, aparecerán los antisistema que se dedicarán a destruir todo lo que encuentren. Aparecerán personas “solidarias” que se pondrán de rodillas (poner dinero es otra cosa, claro) en homenaje a Floyd.

Cuando baje la marea, veremos que no es racismo. 

Es prejuicio.