Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 14 de agosto de 2020
  • Actualizado 09:29

La Navidad y la felicidad

La Navidad y la felicidad

Se supone que estas fiestas están dedicadas a la felicidad. Si, a parte del nacimiento de nuestro señor Jesucristo. El tema crucial es este estado de ánimo.

Pero, la pregunta, que tenemos que platear es ¿qué es la felicidad?, aparte del complemento ser feliz, que no va unido a ninguna fecha. Así, me da la sensación que es poder comprar mucho, comer bastante, y beber a pesar del peso.

Por ello, la felicidad se convierte en estos días en una falacia, pues no refleja la esencia del concepto, sino los contornos más grotescos que se manifiestan con los ecos del Belén, esperanzas loteras, y  panderetas.

El término queda eclipsado por elementos superfluos que gravitan en torno a él como las bolas del árbol, esperando el momento de ser recogida en una caja. Todo unido al “qué ganas tenía de recoger el árbol y el dichoso belén del salón”.

Este paradigma va unido al espíritu de diciembre, pero ¿y el de marzo? En fin, yo también me apunto a comer turrón, beber cava, y no niego a nadie un “¡Feliz Navidad!”.

¿Qué tendrá que ver con estas fiestas? Nada, sin duda. Ese es el dilema, que no es la Navidad. ¡Ah!, pero, entonces tendremos que volver a conceptualizar. Muy complicado y complejo el debate.

Pero, nos ponemos nostálgicos, compramos, regalamos y, sobre todo ¿somos más felices? Sin duda, la buena comida da felicidad. Quizás por ahí encuentro el sentido de mezclar la Navidad con la felicidad.

Sin duda, estas sentencias no tienen como fin disuadir a ustedes de que no sean felices en estos días, Dios me libre. Pero, dejen en paz por postureo a Jesús, la Virgen, los humildes, los que duermen en la calle, los del tercer mundo y los del primero que no tienen trabajo, los pastores y los corderos, los Reyes Magos y los que no lo son.

Dicho todo esto, no esperen a que su ayuntamiento les coloque esas luces de discutible gusto estético. Ni al árbol en sus casas, ni el Belén sofisticado. En definitiva, no esperen a nada, y sean felices siempre. O por lo menos inténtenlo.

¡Feliz Navidad para todo el año!

Francisco Santos Escribano

Profesor de Historia