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  • Diario Digital | jueves, 09 de abril de 2020
  • Actualizado 12:57

El pueblo castellano en la conquista de Navarra

El pueblo castellano en la conquista de Navarra

No sin cierta razón, hemos recibido alguna, más que crítica, puntualización, al tratar la intervención de Castilla en la conquista de Navarra. Evidentemente, y tal vez habría que aclararlo en su caso, cuando nos referimos a la sevicia castellana -española si se quiere-, en ningún caso se la atribuimos al pueblo castellano.

El campesinado (castellano), es tan pobre -relata un jesuíta, quizás el padre Rivadeneira- que ha de completar su dieta con frutos silvestres. Viven en chozas y cuevas. Visten con pieles y trapos. No saben signarse y ni siquiera se les entendía; con muy poca diferencia en su modo de vivir y en su traje de los indios. El testimonio data del reinado de Felipe II.

Nada comparable con el estatus del campesinado navarro. Incluso los collazos navarros en el medievo -posteriormente fueron incorporados a los pecheros-, poseían un estatus socioeconómico superior.

La acción de los infanzones, como el espíritu del fuero, habían conseguido limitar el acceso de la nobleza al dominio de la tierra. Al contrario que en Castilla, la capacidad de generar mecanismos de rentas por parte de los grupos dominantes, resultaba realmente limitada.

Se pone en evidencia el papel decisivo de la comunidad campesina Navarra, en la organización, explotación y ordenación del territorio.

"Existe un protagonismo comunitario -según los estudios de J.J.Larrea-, en la construcción de los terrazgos aldeanos y en el control de los yermos, en correlación de fuerzas entre la clase aristocrática y el campesinado"



En esas fechas, dos tercios de la población Navarra, accedía a la explotación de la tierra bien, como propietaria, bien como arrendataria del comunal. Cada fuego - concepto atributivo que se basa en la familia estudiada como entidad económica-, contribuía con sus "pechas". Dependiendo de la capacidad de explotación o de la situación social de cada familia, la pecha cotizada sería entera, media o un cuarto.

En Castilla, las tierras estaban prácticamente en manos de la nobleza. Los campesinos o siervos de la gleba accedían a unas tierras que por las sequías y sobre todo por la presión de la mesta, resultaban excesivamente pobres y deforestadas.

La producción cerealística era tan insuficiente, que Castilla había de importar trigo de Francia, Polonia y Rusia, para que el pueblo pudiera acceder, siquiera a un elemento tan básico como "las gachas". Y es que las diferencias sociales eran tan abismales que prácticamente la tierra y las grandes rentas, estaban en manos del 10% de la población.

Era una sociedad, la castellana fuertemente estamentada.

En el primer estamento se ubicaban los primos del rey. Eran los grandes títulos: marqueses, condes, varones, poseedores de enormes señoríos, copiosas rentas e incluso cargos municipales.

En el mismo estamento aunque con rango inferior, pululaban caballeros, militares de alto rango, una clase media urbana (fundamentalmente en Medina del Campo y Burgos) enriquecida con el comercio de la lana y cargos municipales.

Los hidalgos, se consideraban gente de linaje, aunque venida a menos.

Este estamento lo integraba cerca de un 10% de la población.

Con la conquista de América y la llegada del oro y metales preciosos a la península, y a Europa, surgieron entre estos elementos grandes fortunas. En Flandes y en el reino unido se invirtieron en otras empresas. En Castilla por el contrario, se dedicaron a la compra de títulos, honras y dignidades y a invertirlas en formas ostentosas de vida.

El tiempo, y su nula rentabilidad las fagocitó, sin que su potencial hubiera servido para mejorar las condiciones de Infra-desarrollo, en que una vez extinguida la mesta quedó el sector primario castellano.

En un segundo estamento se situaba el clero secular y regular. El secular dependiente de su diocesano y este a su vez de Roma. La diferencia entre presbíteros, canónigos y obispos venía dada por la disponibilidad de fortuna, habiendo entre ellos profundas diferencias.

El regular: abades, frailes y monjas se circunscribía al monasterio, institución que frecuentemente disponía de grandes feudos.



Una pequeña burguesía del entorno de la mesta: veedores, menestrales y algún pequeño gremio de maestros y oficiales. Soldados de fortuna, mercenarios etc…, integraban el tercer estamento.

Estos elementos que en Europa supusieron la base de su gran burguesía y de la posterior revolución industrial, en Castilla, perdieron toda su relevancia, si alguna vez la tuvieron. Las condiciones y connotaciones socioeconómicas del imperio, acabaron con cualquier perspectiva de futuro.

En el último estamento sobrevivía el mundo de los medianos y el común de la población, los siervos de la gleba etc. Siempre sometidos a las arbitrariedades de la nobleza y al azote persistente de pestes y hambrunas.

En la conquista de Navarra, como en todas las demás campañas de invasiones y colonizaciones emprendidas por el imperio español, evidentemente el pueblo llano castellano no existió. Bastante tenía con sobrevivir.

Tal conquista, fue una empresa o criminal negocio, tramado desde tiempos inmemoriales por la monarquía y los grandes de Castilla.

En el mismo sentido podemos decir, que el pueblo navarro tuvo que cargar con la insensatez de la alta nobleza Navarra. Enredada en sus particulares egoísmos y conflictos banderizos, debilitaron la economía y la seguridad del reino y lo que es más grave, lo pusieron en las manos del invasor.

Tanto el pueblo castellano, como el pueblo navarro, como cualquier otro pueblo llano en las mismas condiciones, no han tenido más opciones que padecer y sufrir los desvaríos, veleidades y atrocidades de las monarquías y poderes dominantes.



Esto fue así ayer, lo es hoy y si nadie lo remedia, seguirá aconteciendo en el mañana.