Plaza Nueva

  • Diario Digital | jueves, 09 de abril de 2020
  • Actualizado 22:32

Cataluña y el resto de España

Cataluña y el resto de España

Recientemente he podido comprobar de primera mano las consecuencias, no triviales ni efímeras, del pensamiento y convicción equivocada del extremo nacionalista en Cataluña. En primer lugar, la exclusión voluntaria de ese colectivo nacionalista del resto de los mortales españoles. En segundo lugar, el efecto colateral de restricción y sumisión de los que no piensan como ellos. 

Mi sentido común me lleva primero a analizar la masa electoral de los que refrendaron estas ideas y sentimientos que, parce ser, desde bien pequeños inculcan a hijos y nietos. La gran parte de ellos estos votantes de independencia aguerrida proceden de pueblos de Cataluña no grandes pero con grandes extensiones de tierra que hacen sus rentas per cápita notables. Cuesta trabajo entender cómo: beneficiándose de las subvenciones conseguidas por el conjunto del estado español que son las que los mantienen.

En su prosperidad e ideología adulterada por la falta de contacto con la realidad social pueden y quieren formar parte de algo secesionista. Cuando en España se pide o se consigue algo dentro de UE, se hace en beneficio de todas las comunidades que conforman este gran país. Me gustaría ver como cuando a estos payeses de grado medio les quitaran todas las subvenciones y recursos de sostenibilidad iban a apoyar esta guerra. Ja.

Creo que lo peor de todo es que esto, que no se cortó a tiempo de manera más fulminante, puede enturbiar la mente de algunos ciegos que vean en este un modelo a seguir. Si cronológicamente analizamos lo ocurrido podemos ver el sinsentido de lo acontecido desde hace unos años. Esta historia parece interminable y de libro. Un fugitivo que quiere ser presidente, un equipo de gobierno en la cárcel, unos gobernantes que en dos años han degradado una comunidad próspera de comercio y turismo.

Cuidado, no todo es campo y los campos hay que regarlos con agua de todos. Todos los alimentos y la mano de obra tampoco vienen del campo, sino del turismo y el capital extranjero. Cataluña es grande como comunidad y región dentro del país España; fuera de él no es nada ni será. La reflexión de que por culpa de un error político de gestión otras comunidades con “supuesto superávit de gestión” planteen independencia me genera dudas severas acerca de cohesión social. Creo que en vez de inculcar separatismo e independencia hay que promover unión de objetivo común y futuro por nuestro bien y el de nuestras generaciones venideras.

Ángel Moracho