Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 11 de julio de 2020
  • Actualizado 22:15

No es un historiador quien esto escribe

Dilecta Iris:
No es un historiador quien esto escribe

Porque tu diuturno silencio, amén de elocuente, es inconcreto y, por tanto, no faltará quien lo identifique con un abanico, escala musical, gama de colores o poliedro, tiendo a ver en ti, además de a mi amada musa tinerfeña, sí, a un ser tan alejado en el espacio y en el tiempo que catalogo como mero espejismo. Eso me ocurre unas veces; otras, todo lo contrario u opuesto; y, así, cuando sueño que acaricio tu piel, me pareces la mujer real que otrora tuve la dicha de conocer, tratar (durante varios ratos, en distintos días, le dimos con fruición a la mui o sin hueso) y, sobre todo, abrazar (dos veces).

Tú eres, Iris, el as de oros, como titulé una de las primeras décimas que trencé en tu honor y prez. En ese “as de oros” cabe hallar la panacea, el quid de tu arte, capacidad o habilidad femenina para sanar mi corazón, desahuciado por Cupido, otro zurupeto, para amar de nuevo.

Hace medio año, cuando te conocí en la isla donde se yergue imponente y majestuoso el Teide (no conviene olvidar que se trata de un volcán), como el sello en la cera, quedó grabada o impresa en mi alma, por mediación tuya, mi reconciliación propia y ajena, conmigo mismo y con el entorno.

Solo quien use bien su inteligencia será capaz de hallar en este mundo el cómo mejorar su estado inmundo antes de que concluya su existencia.

Aducen los rábulas (te ahorro tener que consultar el vocablo en el Diccionario de la Lengua Española, DLE: “abogado indocto, charlatán y vocinglero”), que son conocidos por el pueblo llano como quienes no saben de la misa la media, que todo el tiempo que invierta en ti es tiempo dilapidado, malgastado, perdido, porque entienden y sostienen que, si no te doy todo, es mucho lo que te brindo, mientras que tú me correspondes con migajas. Juzgo que exageran. Te otorgo lo que me brota o surge concederte. Y donde otros ven tus migajas, yo advierto tus mejores manjares. Conjeturo que cabe hallar por doquier, al abundar, mucho tertuliano garrulo, y gárrulo, locuaz, porque la completa explicación del presente exige espacio y tiempo para desentrañar su complejidad, reflexionar y dar un parecer ponderado.

Ahora bien, te ruego, Iris, que no te fíes ni un pelo de mí, porque, como debe constarte, por haber velado y, mientras estabas en vela, haber leído y urdido novelas, no es un historiador quien esto escribe, sino un mendaz, o sea, un autor no fiable. Y ya sabes qué le ocurre a un vaso mediado de agua cristalina si dejas caer sobre él una gota (o dos, o tres) de tinta negra (o roja, o de otro color), que todo el líquido elemento que contiene queda entintado.