Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 06 de diciembre de 2019
  • Actualizado 04:38

Como regla general, a los tímidos (ellas y ellos) la ingesta de bebidas espirituosas (y con más razón aún si estos no están habituados a ellas) los desinhibe, les suelta la lengua. En Tudela, durante las próximas fiestas patronales en honor de San Ana, a pesar de que el grueso de la gente, prudente, intentará beber poco alcohol (o hacerlo con moderación), tras el chupinazo, barrunto, volverá a suceder tres cuartos de lo mismo que otros años, que serán y/o sumarán varias decenas o docenas los jóvenes (hembras y varones) que pimplarán más de la cuenta o de manera incontrolada y, cuando lleguen a casa (a la hora que arriben o los lleven), lo harán con más manchas de lo asiduo en la ropa (aún mojada tal vez) que vistan, bien remojados por dentro, hayan vomitado ya o estén a punto de hacerlo.

Confío, deseo y espero que ningún joven (ella o él), que lea esto, se sienta identificado con el que ahora imagino, que se dispone a sacar la llave de uno de los bolsillos de su pantalón para abrir la puerta de su casa (la de sus padres), y, si es ella, se tenga por una reencarnación de Turandot, la princesa china, protagonista de la ópera del mismo título que dejó inacabada Giacomo Puccini; y, si es él, por Shahriar, el sultán de “Las mil y una noches”.