Plaza Nueva

  • Diario Digital | viernes, 14 de agosto de 2020
  • Actualizado 15:30

En tiempos de libertad irreal, adscrita al anónimo poder de las redes o incluso a la hipócrita llamada libertad de expresión, se abre paso, perdura, la esperanza por el futuro. Diferentes obstáculos impiden nuestra vida ideal, rodeada de buen corazón y con nuestras personas queridas, son las que no dominamos, incluso impotentes asumimos como miembros de este nuestro planeta. 

Bajo esta pandemia, este mal recuerdo, como a lo largo de la historia ha habido otros, resurgimos como seres humanos aferrándonos al más simple de nuestros sentidos, la esperanza. Como tudelanos, una de nuestras ilusiones es, el día del cohete que este año no podremos celebrar como se debiera, debido al sentido común aplicado a esta dura y penosa tragedia. Eso no significa que nuestros corazones, no rebosen alegría el día 24 o que a nuestra manera lo celebremos, intentando no romper las reglas marcadas. En uso de razón, no conocemos situación igual, estoy convenció que Santa Ana desde lo alto con nuestros familiares fallecidos nos guían y acompañan en ese vínculo fuera de lo terrenal. 

Nuestras fiestas, nuestra vida, siguen, por lo que quizás nuestros sentimientos a flor de piel nos lleven a disfrutarlas de otra manera más sosegada. Los recuerdos de los que ya no están, los recuerdos de lo que añoramos y no tenemos, pueden causar en nosotros, el efecto contrario y ser un revulsivo de supervivencia y felicidad.

En esta ciudad solidaria, repleta de buena gente afrontaremos con ilusión contenida nuestras fiestas, bajo la atenta mirada de nuestra patrona Santa Ana que vela por todos los tudelanos. En nuestros valores esta, el futuro en nuestra pasión y respeto la concordia, en nuestras tradiciones nuestro legado, que como riberos navarros heredamos de nuestros padres y abuelos. En nuestro pensamiento solo, “nunca más” todos juntos pero a distancia, buscando más que nunca nuestro cariño, nuestro afecto, al volver a vernos.