Plaza Nueva

  • Diario Digital | lunes, 24 de febrero de 2020
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Nacionalismos

Los nacionalismos tienen aspectos positivos, que pueden ser asumidos con gusto por la población, el principal, el no verse engullidos por la globalización en la que todos estamos inmersos, en cuanto a consumos, ideas políticas y manejo.

Estamos manipulados por diversos suprapoderes económicos e ideológicos. Los medios de comunicación, principal fuente de información, son propiedad de dichos poderes. Intentan hacer adeptos con programas frívolos, para después lanzarnos los mensajes que les interesa. No les interesa personas con criterio, quieren analfabetos funcionales para manejarnos mejor. No es nada nuevo, el poder siempre ha utilizado métodos para tener sometida a la población. Los señores feudales y las dictaduras de izquierdas y de derechas utilizaban la fuerza. Esta forma de dominio, es más sibilina. Estamos, en una democracia maniatada.

Teóricamente, el nacionalismo sería refugio y defensa contra estos males. La identidad nacional, la tribu, en contraposición a la globalización que tiende a convertirnos en manada, es sugerente. El nacionalismo pondera conservar costumbres, folklore, cultura, valores, en definitiva, conservar las raíces y, en teoría, vivir una vida más humana. 

No hay que olvidar que la globalización también es progreso. Gracias a ella los saberes se han universalizado, la cultura, los avances científicos. Algo a lo que no se puede renunciar.

Pero, es soñar. Sería un estado ideal, pero difícilmente se puede llevar a la práctica. Los “tiburones”, se encargarían de conseguir poder para manipular a la tribu. Los dictadores de izquierdas y de derechas intentarían, de forma sibilina o a la fuerza manejarnos. Los idealistas, casi siempre se quedan por el camino en la lucha por el poder. Los que llegan no son los mejores. Suelen ser los más avariciosos, crueles, los de menos escrúpulos, a veces incluso psicópatas. Hay estudios suficientes que lo avalan. Hay excepciones.

El nacionalismo sería remedio ante la globalización, regidos por sistemas fundados en valores y, realmente democráticos, asumiendo los avances de la globalización.