Plaza Nueva

  • Diario Digital | domingo, 17 de enero de 2021
  • Actualizado 09:45

Vivimos una época en la que estamos mancillando palabras y conceptos nobles, altruistas. Con el mayor descaro se utilizan palabras como democracia, libertad, liberación, progresismo, justicia, etc. no en aras de hacer énfasis en su significado e imbuirlos para conseguir los fines nobles que representan para la sociedad, sino para bajo su lema solapar fines particulares o de grupo, interesados y muchas veces corruptos, con objeto de revestirse para conseguir sus fines engañando a la colectividad.

No hay nada tan ruin como utilizar este sistema. Amparados en ideas nobles aceptadas y apoyadas por la mayoría, engolan la voz al pronunciarlas con firmeza, y las utilizan como argumento básico, escondiendo debajo otras muy aviesas intenciones. Cuando estos mecanismos los utiliza “el poder”, la posibilidad de escapar a estos argumentos es muy difícil y, mucho más, cuando el nivel concienciación en nuestro país es bajo, y cuando casi no se tiene otro sistema de información que el manejado por dicho poder.

No soy experto en historia, pero no sé si habrá habido época tan equívoca como esta donde lo que se vende son unas siglas o un concepto teóricamente justo y de valor, para bajo su sombra realizar los mayores desafueros. Es más noble el que muestra al descubierto sus ideas y sus fines; es la forma noble de contraponer unas ideas con otras para valorarlas y debatirlas. Es la esencia de la democracia. El sistema de ocultar las verdaderas intenciones, utilizando lenguaje y modos aceptados por todos, pero que, en su praxis significan exactamente lo contrario, es manipular a la ciudadanía.

Los ciudadanos nos estamos cansando de estar en manos de tanto desaprensivo, por utilizar un calificativo suave, es como si estuviéramos viviendo la época dorada de este tipo de gente; los tenemos muy extendidos en grandes y pequeños ámbitos de poder. Es un síntoma clave del peligro en que está inmersa nuestra sociedad en el momento actual. Me pregunto si, con los medios de comunicación en manos del poder correspondiente tendrá solución, o los ciudadanos estaremos sometidos por estrategias diseñadas en los despachos y manejada por los grupos en cuestión. Sería una dictadura disfrazada de democracia. Esto es una selva, pero los depredadores probablemente nunca habían sido tan peligrosos, y la posibilidad de defenderse de ellos tan difícil, precisamente por el disfraz. Contra las dictaduras sin disfraz es más fácil defenderse, porque se tiene claro donde está el enemigo.