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La Siesta, esa amiga estival

Plaza Nueva |

Plaza Nueva | 09 de julio de 2008

Si algo de bueno tiene esta época del año es la siesta. Ronroneada por el sofá, o incluso de pijama y orinal, en este tiempo resulta reconciliadora con uno mismo.

Las jornadas intensivas que trae el verano dejan para la tarde la piscina y para el atardecer los gratos paseos por nuestro rico y variado entorno, de modo que la siesta enriquece el organismo, repara el pulso al mediodía y ordena las ideas en el estío, ahora que las veladas de forma natural siempre se eternizan.

He leído a especialistas médicos y psicológicos que afirman que hacer la siesta “supone un auténtico descanso del guerrero”, si bien aseguran que no debe prolongarse ni siquiera una hora, y que con veinte minutos es más que suficiente para retomar la rutina laboral o aprovechar el resto del día libre veraniego, porque pegarse una siesta más prolongada produce insomnio a la noche, categorizan.

Y ellos saben de qué hablan. Así que voy a hacerles caso...

Me voy a echar la siesta, como Zapatero, a ver si se desamontonan solos los papeles en la oficina, o me colocan en alguna de las muchísimas empresas públicas inútiles para poder descansar al fin, de verdad y a conciencia, incluso las demás horas y el resto de las estaciones.

Es lo que tiene, nuestra Fiesta Nacional son los Toros -y ahora el Fútbol-, y nuestro Deporte: ¡Pues la Siesta! Es contundente: Cuando esa amiga te espeta ¿Nos echamos la siesta? Está claro: sí está. Hay que darse prisa y meterse en la cama, no se le pase el sueño.

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