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¿Entramos en una segunda Edad Media?

José Luis Úriz Iglesias | Ex-parlamentario del PSN

Plaza Nueva | 08 de enero de 2019

En memoria de Enrique Curiel

¿Realmente estamos entrando una segunda Edad Media? Hace tiempo  Enrique Curiel, desaparecido hace ahora ocho años y de ahí mi dedicatoria inicial, afirmaba que eso era lo que iba a suceder. 

Enrique fue un visionario, un anticipado a su época, reflexivo y analítico desde su posición nítidamente de izquierdas que tanto se echa de menos hoy en día.

Vio el comienzo de una nueva época gris tirando a negro, donde cada día que pasa supone un nuevo ataque a valores fundamentales de nuestra sociedad. Valores que debieran de servir como soporte para poder hacer un mundo mejor, pero que constantemente son agredidos y manipulados.

Hablemos en primer lugar de libertad. Quizás el mayor ejemplo en los últimos tiempos es el ataque a la libertad de la mujer a decidir con quién, cómo y cuándo desarrolla su sexualidad. Conocer ataques en manada, utilización de métodos deleznables como drogas, o fuerza bruta para torcer esa libertad indica que algo muy básico se está rompiendo en nuestra convivencia.

Libertad, un concepto demasiado manido que reclamamos a menudo de manera egoísta para defender nuestra parcela de ella, pero que se la solemos negar a quienes no piensan, no aman, no viven como nosotros consideramos se debe hacer. 

Libertad, precioso concepto definido por el diccionario de la RAE como: “en los sistemas democráticos, derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas”. Habrá que añadir a esa definición también de los pueblos.

Ayyyyy libertad, libertad, cuanto debemos reflexionar sobre ti en los momentos actuales de la historia y qué poco lo hacemos. O al menos no lo hacemos de manera altruista, generosa, amplia de miras.

Deberíamos abrir un debate social con intenciones pedagógicas sobre un concepto tan importante, llevándolo a las escuelas, a las universidades, a las iglesias, incluso a los bares y tertulias, fomentando ese contraste de opiniones.  Libertad, preciosa palabra, bello concepto que nos cuestiona en cada instante. Libertad para las miles de jóvenes y menos jóvenes que según los últimos estudios sufren el maltrato de sus parejas, o para quienes sufren acoso en su lugar de estudio o trabajo. 

En los últimos años se ha incrementado un 25 % las denuncias de malos tratos de uno u otro tipo en esa franja de edad de la adolescencia y probablemente sólo estemos viendo la punta del iceberg. Nos debe preocupar y asustar este dato demoledor, porque indica que no sólo no estamos avanzando sino que retrocedemos.

Jóvenes, o menos jóvenes que están siendo coartadas en su libertad para relacionarse, para actuar, o desarrollarse como personas libres, por parejas cuyo machismo sigue alcanzando, incluso superando, las cotas de sus mayores.

Libertad, oh libertad, cuanto te nombramos y qué poco te ponemos en práctica. Libertad, de pensar, de actuar, de ser, incluso por encima de las normas establecidas como “habituales”, con el único límite de no dañar la del “otro”.

Libertad divino tesoro en peligro. Simplemente echando una rápida ojeada a la prensa de hoy, se puede observar cuantas noticias están referidas a la vulneración de ese valor vital para poder vivir.

Libertad que ahora intenta arrebatarnos esa coalición negra que planean VOX, PP y Cs. Para eso crearon a esos clones perfectos, para evitar que la bajada en apoyos del PP debilitara a una derecha ahora más fortalecida gracias a ese mecanismo. 

Utilizando un dicho popular “que Dios nos pille confesados”, ante una posibilidad novedosa de que nos gobierne una derecha extrema, apoyada por un partido de extrema derecha.

Una derecha fortalecida y una izquierda dividida y a la baja, nos depara un futuro siniestro si no son capaces ambos de espabilar rápido.

Otro síntoma de esa especie de nube en forma de segunda Edad Media que nos engulle viene de Catalunya. El salvavidas al que se agarra PP y que empuja a Ciudadanos más VOX. Catalunya como instrumento de la derecha con la complicidad torpe y estéril de una parte del independentismo, más una izquierda que también allí ni está ni se la espera. 

Un independentismo quebrado por diferencias tácticas y estratégicas, unas que tienen que ver con las diferencias éticas de dar la cara como Junqueras, o huir de manera cobarde como Puigdemont. De inmolarse de manera valiente ante el enemigo, o correr cual liebres asustada para salvarse de la quema.

Pero no sólo éticas, ERC está optando por una línea pragmática, inteligente muy al estilo del PNV en Euskadi, mientras PDeCat y la CUP se echan al monte.

Si la izquierda tuviera una posición sólida y común sobre este tema, aprovecharía la situación para hacer un frente común con Esquerra que obligara a ambas posiciones inmovilistas, PP, Cs más ahora VOX por un lado y PDeCat más CUP por el otro, a mover ficha en búsqueda de una solución legal, viable, equilibrada y duradera.

Quizás esa conjunción de fuerzas de izquierdas podría recuperar las viejas propuestas de Curiel, desarrolladas por Pérez Tapias, de impulsar un nuevo proceso constituyente que conduzca a este país a convertirse en un Estado Federal Plurinacional, una especie de casa común donde todos nos podamos sentir cómodos, más un reconocimiento pactado del derecho a decidir.

Hablemos sí, debatamos, contrastemos opiniones y aportemos soluciones, a ser posible desde posiciones progresistas, porque una sociedad que permite el sufrimiento de adolescentes, la vulneración sistemática de la libertad, la judicialización de la política, una justicia cada vez más desacreditada, que consiente las propuestas inmorales de VOX apoyándolas, es una sociedad enferma en una profunda crisis de valores. 

Tenía razón Curiel, estamos entrando en una terrible y oscura segunda Edad Media, pero nos queda el consuelo que como en la primera seguro que después llegará un brillante y luminoso Renacimiento, espero que de la mano de una izquierda nueva y renovada.

Veremos…

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