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Cainismo

Ángel Cornago Sánchez | Médico Humanista

Ángel Cornago Sánchez | 11 de mayo de 2020

Produce desazón y hastío, leer en “las redes” las intervenciones de algunas personas en relación al momento sanitario, político y social que estamos padeciendo, que ha provocado a día de hoy más de 26.000 muertos, más de 200.000 afectados, unas consecuencias económicas tan graves que van a provocar una grave recesión que durará muchos meses con la consiguiente repercusión en muchas familias, además del encierro, necesario, y las normas de protección dictadas que cumplimos la mayoría, que no cabe duda a todos nos han ocasionado sacrificio y estrés.

Digo desazón, por las formas agresivas, despectivas, incluso a veces amenazadoras, con que algunos se dirigen a los ciudadanos y ciudadanas que se permiten discrepar de decisiones tomadas en el tiempo y en las formas por los responsables sanitarios.

Volvemos al cainismo, principal motor de los debates en este país, azuzado conscientemente por los medios de comunicación detrás de los cuales están diversos poderes económicos interesados. Su función debería ser la contraria: veracidad, análisis riguroso, ponderación, y no impulsar los peores instintos que hay en nosotros, como agresividad al discrepante, odio, descalificación, falta de objetividad. Así, en vez de construir país lo descomponemos alimentando la confrontación y el rencor.

Debemos tener claro si queremos una dictadura o una democracia. En las dictaduras “las verdades” que debemos asumir emergen de la cúpula, y el “pueblo” debe asumirlas so pena de represalias; en las democracias, esas verdades y decisiones deben pasar el tamiz de la crítica, de la discrepancia. En las democracias los gobernantes deben rendir cuentas; en las dictaduras los líderes dictan las normas y se obedecen; no rinden cuentas.

En algunas democracias, pero nuestro país puede ser el paradigma, la discrepancia se ha convertido en una selva y la forma de hacerlo no es, con frecuencia, con la intención de aportar soluciones, sino de descabalgar al adversario utilizando métodos y formas torticeras. Es la guerra sucia en que se ha convertido la política en nuestro país.

Somos una democracia que entre todos debemos cuidar. Los ciudadanos de bien, que somos la mayoría, debemos tener claro que, a quien debemos fidelidad es a nuestros conciudadanos no a tal o cual partido político. Debemos opinar y actuar en conciencia.  En el caso de la pandemia que vivimos, no debemos tomar posturas sobre la gestión, las formas, los momentos, etc. dependiendo si las siglas del partido con quien se simpatiza corresponden al poder o a los partidos opositores. Debemos hacer un juicio justo y ponderado después de intentar tener una información rigurosa y profunda. Por supuesto tenemos derecho, y yo diría que obligación de hacerlo. No debemos ser ciudadanos ciegos y sordos.

Los fundamentalismos políticos, religiosos, están obsoletos. Han causado en el siglo pasado millones de muertos. Hay que ir en post de una sociedad plural, donde se pueda discrepar y debatir civilizadamente, en vez de alimentar el odio que, a quien más envilece, es a quien hace gala de él. 

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