Plaza Nueva

  • Diario Digital | domingo, 25 de octubre de 2020
  • Actualizado 09:09

TARAZONA

Las abejas y el final del verano

En este momento en los montes de Tarazona las abejas melíferas se encuentran muy atareadas en la recolección del néctar de las flores de uno de los brezos del Moncayo conocido como brecina.
Las abejas y el final del verano
Las abejas y el final del verano
Las abejas y el final del verano

La polinización es el proceso por el cual se produce un intercambio de polen desde el órgano masculino de las flores (estambres) al femenino (estigma), haciendo posible la reproducción sexual de las plantas. 

Aunque en esta transferencia puede intervenir también el viento, son los insectos los principales responsables de este proceso fundamental para la reproducción de las plantas y por lo tanto la vida en el planeta. 

Puesto que el 75% de las plantas cultivadas por el hombre para su alimentación son fecundadas gracias a los insectos, los agentes polinizadores tienen un papel fundamental en la biodiversidad, la alimentación y la economía del hombre cuyo valor monetario a nivel mundial se estimó en el año 2005 en 153.000 millones de euros. El 9,5% del coste de la producción mundial agrícola usada para la alimentación humana en ese año. 

En este momento en los montes de Tarazona las abejas melíferas se encuentran muy atareadas en la recolección del néctar de las flores de uno de los brezos del Moncayo conocido como brecina (Calluna vulgaris). En este brezo, de floración tardía, los insectos recolectan alimento en una de las últimas oportunidades de llenar sus despensas, ya que se acaba el verano y cada vez son más escasas las flores que se pueden encontrar, aunque el romero les suele suministrar parte de los que necesitan, ya que esta especie es la única que se mantiene en floración también durante los meses fríos. La miel de brezo o de biércol es oscura con tonalidades rojizas, densa y cristaliza con más facilidad que otras mieles. Es de sabor intenso. 

Aunque la floración de este brezo es una de las últimas, no es la única ocasión que tienen las abejas de producir rica miel, ni la más curiosa. 

A final de septiembre, cuando las abundantes encinas del somontano o las del entorno del Buste ya cuentan con pequeñas bellotas todavía en formación, debido a la intervención de pequeños insectos como los pulgones, en la cúpula de estos frutos el árbol puede segregar una sustancia pegajosa que en ocasiones puede ser tan abundante que llega a manchar el suelo del bosque. Esta sustancia, llamada en apicultura mielato, es una secreción azucarada no floral que aprovechan las abejas para producir una de las mieles con más propiedades. En la península ibérica la recolectan principalmente de las encinas, robles y alcornoques. Según un estudio del IMIDRA (Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimenticio) sobre 36 mieles diferentes, si la miel de flores contiene una capacidad antioxidante media del 28,70% la de encina presenta un 66,80% de potencial antioxidante, además de contener cantidades importantes de hierro, magnesio y potasio. Una saludable y deliciosa manera de endulzar la vida. 

Cuidando la población de los polinizadores nos aseguramos un futuro mejor.