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  • Diario Digital | martes, 07 de abril de 2020
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TUDELA

Ferias y fiestas de San Pedro Advíncula y Santa Ana

Ferias y fiestas de San Pedro Advíncula y Santa Ana

Las fiestas nacen ligadas a las ferias y así vemos como Carlos III el Noble en el año 1390 otorgó a Tudela una feria franca desde el día 1 de agosto al 24 de ese mismo mes y siendo muchos los comerciantes forasteros y también vecinos de otros pueblos que venían a la ciudad durante esos días, por lo que el Ayuntamiento aprovechaba para programar diversiones y espectáculos, que veo citadas por primera vez en 1482 aunque puede que se celebrasen con anterioridad y no hayan quedado reflejadas, porque los libros de cuentas municipales no comienzan hasta 1480.

La fiesta de San Pedro Advíncula

De San Pedro conmemora la Iglesia varias festividades, la más importante en Tudela fue la denominada «ad víncula o encadenado», que se celebra el día 1 de agosto. La devoción a San Pedro aparece en la ciudad desde los primeros años de la conquista. Por un documento del año 1135, es decir 36 años después de la ocupación de Tudela por los cristianos, podemos deducir que ya existía una iglesia dedicada a San Pedro.

Conocemos que ese día primero de agosto festividad de San Pedro Advincula, era en Tudela una fecha importante, ya que ese día todos los años se renovaban tanto el juez de la ciudad como los regidores.

La fiesta del Santo comenzaba temprano, a la iglesia de San Pedro, parroquia que había cerca de la subida al Castillo acudían juntos Cabildo y Ayuntamiento, para seguidamente acudir todos en procesión a la catedral donde se realizaba una celebración religiosa. Finalizada ésta, los regidores salientes y entrantes acudían al Ayuntamiento, donde se aprobaban las cuentas municipales del año y se procedía al relevo de cargos, al igual los siete Regidores, que el llamado alcalde, que era el juez que escuchaba los pleitos y dictaba sentencias, y el Justicia encargado de que ésta se cumpliese. Terminado este acto, se iban a comer, normalmente a una hora más temprana que lo que ahora estamos acostumbrados, para posteriormente hacia las dos de la tarde acudir al festejo taurino, que solía comenzar a las tres.

Nuestros antepasados estaban acostumbrados a madrugar, ya que no existía la luz eléctrica y tenían que aprovechar la luz solar. Los espectáculos bien fuesen carreras, comedias, o festejos taurinos, se hacían bien por la mañana (nos sorprenden incluso con cosas programadas a las cinco de la mañana) o a primera hora de la tarde, para que los forasteros, normalmente vecinos cercanos, tuviesen luz para poder volver a sus pueblos, bien andando o en caballerías, que eran los medios que empleaban para venir.

Las primeras referencias que encuentro en los libros de cuentas de espectáculos el día de San Pedro Advíncula, son del año 1491 que consta realizó festejos, muy del agrado del público, un tal Maese Corral en los que intervenía un «volteador» (supongo que se trata de un saltimbanqui) y el del «panderet» (acompañaba con la pandereta). Nuevamente vuelvo a encontrar referencias en 1509, sobre unos danzantes contratados para la fiesta.

Sabemos así mismo que este día se daban corridas de toros, por lo que algunos historiadores piensan que era el antiguo patrón de la ciudad, cosa que realmente no consta en sitio alguno, ni he encontrado documento que lo atestigüe, por lo que hasta 1530 Santa Ana en que fue nombrada patrona de Tudela, resulta difícil determinar si los festejos, eran por motivo de las fiestas patronales o de las ferias.

Santa Ana

nombrada Patrona

Será a partir de que Tudela nombre patrona a Santa Ana en 1530, cuando la ciudad comience a celebrar fiestas en su honor y comienzan a contratarse y por lo tanto a aparecer cantidad de comediantes, músicos y danzantes que con cascabeles bailaban delante de la patrona. En aquellos tiempos resulta difícil determinar, si algunas de la programaciones que vemos reflejadas por los libros de gastos municipales, eran por ser fiestas en honor de Santa Ana, San Pedro o para conmemorar las ferias, que en aquellos años se celebraban desde el día de Santa María Magdalena el 22 de julio, hasta el día de San Lorenzo el 10 de agosto o incluso hasta la Virgen el día 15.

Desconocemos si ese mismo año 1530 ya se celebraron fiestas en honor de Santa Ana o fue en este de 1531 el primero, ya que de este último año se conserva en el archivo tudelano un borrador de carta que el Ayuntamiento dirigió al virrey de Navarra invitándole a presenciar las ferias de la ciudad y «fiestas de la gloriosa Santa Ana, quien la libró de la peste el año anterior».

Del año 1534, tenemos constancia en el archivo de protocolos de unos festejos en los meses de julio y agosto. El día de Santa Ana se celebró un concurso de danzas. Dice la anotación que «a la danza que más galana (con gracia con elegancia) y más devisada (distinguida) saliere» se le entregue como premio tres varas de paño de raso leonado y a la danza «que más concierto llevare» un par de calzas. Los ganadores al domingo siguiente debían de danzar en concurso en la sala del ayuntamiento ante un jurado y el danzante que mejor y más danzas bailase sería obsequiado con unas calzas.

El primer espectáculo taurino del que tengo referencias en fiestas de Santa Ana es en el año 1594 y no será hasta el siglo XVII cuando se consolide el hecho de la celebración de las fiestas en honor exclusivo de Santa Ana, olvidando cada vez más las de San Pedro Advíncula. Para finales del siglo XVI vemos ya muy claramente como el día 25 de julio se celebraban las vísperas de la patrona, pero no será hasta unos años más tarde en 1614 cuando seis gigantes juntos con dos enanos, lo que hoy conocemos como cabezudos, y un caballito, bailen junto a ocho danzantes en la plaza de Santa María, esperando que bajase el Ayuntamiento para acompañarle a la catedral a la ceremonia religiosa conocida como Vísperas.

Las celebraciones taurinas pasaron del día 1 de agosto al de Santa Ana

A partir de comenzar los libros de cuentas municipales vemos aparecer con frecuencia anotaciones de gastos, por diversos festejos. Las primeras corridas de las que tenemos noticias documentales se celebraban el día 1 de agosto, festividad de San Pedro Advíncula, y así lo vemos ocurrir documentalmente desde el año 1482, sin que por ello podamos decir que no se celebraban anteriormente y que pudo la costumbre perdurar hasta finales del siglo XVII.

Con el tiempo las fechas de las fiestas se cambiaron, comenzando el día de Santiago, para terminar el primero de agosto. El celebrarse festejos taurinos el día de San Pedro Advíncula fue normal hasta mitades del siglo XVII, fechas que las corridas de toros se celebraban en la plaza Vieja o en Herrerías y desaparecen definitivamente cuando se construye la plaza de los Fueros y los espectáculos taurinos se comienzan a partir de 1691 a celebrar allí. Fue en este siglo cuando se consolidó el hecho de la celebración de las fiestas en honor exclusivo de Santa Ana, olvidando cada vez más las de San Pedro Advíncula.

En recuerdo de San Pedro Advíncula se puso su imagen en las veneras de los regidores

Es en este siglo XVII cuando se consolida el hecho de la celebración de las fiestas en honor exclusivo de Santa Ana, olvidando cada vez más las de San Pedro Advíncula. Para finales del siglo vemos ya muy claramente como el día 25 de julio se celebraban las vísperas de la patrona.

Las veneras son unas medallas que los llamados «Regidores» llevaban colgadas en el cuello cuando vestían de gala representando a la Ciudad. Fueron concedidas a los componentes del Ayuntamiento por R. Cédula de 22 de octubre de 1621, y para que no se olvidase las festividad de San Pedro Advíncula, esta medalla en sus caras llevan grabadas por una parte el escudo de la ciudad y por la otra la efigie de San Pedro advíncula, fiesta que como he indicado, se celebraba el día primero de agosto, fecha en la que durante más de cuatro siglos se cambiaba todos los años la Corporación Municipal.

Fue en el año 2011 y con motivo de la crisis económica que el Ayuntamiento dejó de salir con traje de gala y lo comenzó a hacer con traje de calle, para poco a poco dejar de usarse las veneras que alcalde y concejales llevaban sobre el pecho.

Luis Mª Marín Royo

Historiador