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  • Diario Digital | domingo, 12 de julio de 2020
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TUDELA

Nobel de Resurgimiento

Nobel de Resurgimiento

El debate radica en el concepto. Han pasado cinco días y medio mundo todavía estanca sus argumentos sobre si procede o no otorgar el Nobel de Literatura a Dylan. “Es un músico”, clama el bando A. “Es un poeta”, replican los del B. De lo que nadie duda es de que Bob nunca ha caminado al abrigo de las tendencias, sino todo lo contrario. Por la Ribera, especialmente en dos entidades cuya incidencia en la vida deportiva y social de la comarca resalta, saben también bastante de nadar contracorriente. No por vocación artística, más por necesidad.

Las añoranzas son comprensibles, pero jamás entenderé que se llegue a despotricar contra un proyecto como el del CD Tudelano. Algún que otro domingo se escuchan pitos. Todos echamos de menos a Mandiola, a su equipo acorazado, el mejor boxeador de retaguardia que se recuerda en mucho tiempo por el Ciudad de Tudela.

A nadie se le escapa que el Tudelano de este curso no carbura como aquel ya mítico plantel. Pero si alguien en su sano juicio aguardaba unos registros similares esta vez, había perdido un poco el Norte de las cosas. Con un entrenador nuevo, joven, y una plantilla en la que el cambio de cromos ha afectado a más de una decena de caras, la paciencia -sí, aún en la jornada 9- se presenta casi como una obligación.

Qué decir de ese grupo de jovenzuelos que visten de naranja y juegan con el pie, pero en pista cubierta. El Aspil-Vidal Ribera Navarra, al igual que el Tudelano, al igual que infinidad de clubes modestos de muchas disciplinas que se comerían toda esta página si los nombrásemos, pelea contra los elementos.

Primero, contra las paradójicas contraindicaciones que causa su éxito deportivo. La fuga de talento. Después, contra una Ley de Patrocinios Deportivos que no ayuda. De momento, la temporada ha comenzado con números muy poco parecidos a los de los recientes años gloriosos. Y seguir trabajando con ilusión ante semejantes vuelcos sí que tiene mérito, casi más que el de ese Dylan ‘rara avis’. Eso se merece un Nobel de Resurgimiento.

Mikel Arilla Álvarez

Periodista