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  • Diario Digital | miércoles, 23 de septiembre de 2020
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TUDELA

La hoguera olvidada

La hoguera olvidada

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La más importante y concurrida de las hogueras que se celebraba en Tudela era la de la víspera del día de Santa Ana, que se llevaba a cabo en la plaza de Santa María”, así reza el libro de Luis Mª Marín Royo “Costumbres, tradiciones y festejos”, del año 1981. Sin embargo, y a pesar de ser la más relevante de todas, es la única que no se mantiene hoy en día. Esta tradición se perdió, sin que nadie sepa por qué, en el año 1872. Más de 100 años después la peña taurina “El Mantazo” volvió a organizarla, actualizándola a sus tiempos.
El historiador tudelano comenta en su libro que durante todo el día 25 “varias personas se encargaban de recoger leña por todas las casas de Tudela, saliendo también al campo a buscarla”. En el evento también ponían su granito de arena las mujeres “sacando de sus casas cantidad de trastos y cosas viejas que pudiesen arder, y los niños las apilaban todas en un gran montón”. Una vez prendida, la diversión llegaba en forma de bailes, cánticos y bromas hasta bien entrada la madrugada. La peculiaridad de esta hoguera es que durante todo el tiempo que permanecía encendida los componentes del Ayuntamiento debían quedarse encerrados en la casa consistorial. Después “dos regidores (concejales), salían con antorchas encendidas y con los músicos detrás recorrían la ciudad”. La primera parada se realizaba en la reja de la patrona a quien se le dedicaba una pieza musical. A continuación, “sobre todo la gente joven, seguía a la comitiva” durante su ronda con canciones populares y jotas por los conventos y las casas de las autoridades.

Adaptaciones

En 1979 los tudelanos volvieron a revivir las emociones de sus antepasados gracias a los componentes de “El Mantazo”. Según narran los medios de comunicación de entonces, se trataba de un grupo de amigos que, a principios de los años 70, se juntaban entorno a una afición común: los toros. De hecho, el nombre del grupo ya deja claros sus gustos con ese simbolismo hacia el capote.
ismo hacia el capote.

Estas reuniones acabaron fraguando el sentimiento de peña entre sus componentes y en el 78 se liaron la manta a la cabeza y decidieron, sin contar con ningún tipo de subvención, sacar charanga (uno de los mayores alicientes de las peñas) junto a otras cinco entidades: Arenas, Frontón, Ciudad Deportiva, Jota y Teba. El objetivo era, como no puede ser de otra manera, crear ambiente popular y callejero.
Un año más tarde, aquéllos que se distinguían por el escudo rojo en el “uniforme navarro”, la chaqueta tudelana y por ser la única peña que veía los toros en la sombra, decidieron que lo de la charanga no era suficiente, necesitaban algún acto que les caracterizara. Y la respuesta estuvo en los libros ya que fue ahí donde conocieron la vieja costumbre de la hoguera. De esta manera, y una vez dentro de la comisión de peñas y la ayuda económica del Ayuntamiento, las cenizas volvieron a la plaza Vieja.

Nuevas ediciones

Obviamente la vida de 1872 no era la misma que en 1979, por ello los integrantes de “El Mantazo” decidieron que debían realizar algunas variaciones. En vez del lunch que se degustaba después de la hoguera, ellos asarían longaniza para repartir entre la gente que acudiera. Eso sí, la hoguera no se haría con lo que la gente llevara, sino con leña de cepa para poder usar su rescoldo. Esta idea pareció gustar a los vecinos de Tudela quienes, después de participar en la Revoltosa, se acercaron a recenar. De hecho, los 100 kilos de chistorra y los 200 litros de vino se acabaron enseguida. El único fallo que cabe resaltar -ya que la coorporación, con el alcalde Francisco Álava a la cabeza, respondió al 100% a la tradición y permaneció encerrada en el Ayuntamiento- fue el sistema de sonido para el grupo de jotas “Aires de Navarra”. Finalmente quedó solucionado, pero gran parte del público se cansó de esperar a pesar de los intentos de la charanga de la peña por animar el ambiente. En la última parte del acto no creyeron procedente mantener las visitas a los domicilios de los ediles, así que en vez de esto, estaba previsto que la ruta pasara por los locales de las peñas, pero tampoco se llevó a cabo por el retraso citado.
El acto de la hoguera se realizó a medias, pero gustó a la gente y se consiguió lo que se pretendía, realizar un evento popular en el que pudiera participar cualquiera.

El olvido

Un año más tarde y vista la afluencia masiva en el debut, se incrementaron los kilos de longaniza hasta los 150 y los litros de vino a los 300. Los joteros que amenizaron la velada fueron los de “Alma Navarra”, que ya empezaban a destacar en este arte folklórico. El encierro del consistorio fue a lo que se empezó a poner pegas y se les perdonó, el resto ya se sabe “la gente no se pierde nada que se regale”, indicaban. La edición de 1981 fue la más concurrida de todas y en ella se repartieron 160 kilos de longaniza y 250 de vino.

Las obras de la torre de la catedral, con el consecuente peligro que había de que las lonas prendieran con alguna chispa, y la falta de entendimiento con el Ayuntamiento, obligó a “El Mantazo” a cancelar la celebración de la hoguera. Esta situación se alargó hasta 1987, año en el que esta peña también inició la organización de los coloquios taurinos en el Nuevo Casino y la presidencia era ostentada por el ahora alcalde, Luis Casado. En esta ocasión el lugar elegido fue la plaza de San Juan. Para ello se pidió al Ayuntamiento, entre otras cosas, que se señalara la zona un día antes para que quedara libre de coches. Llegado el momento los miembros de “El Mantazo” se acercaron a San Juan para preparar todo el tinglado y se encontraron con que la plaza estaba llena de vehículos. Para rematar el chasco, el tradicional encierro de la corporación no se llevó a cabo ya que la hoguera estaba alejada de la casa consistorial. “Navarra canta” puso el toque alegre. En 1988 se volvió a celebrar en el mismo marco con “La RIbera Canta” animando con sus jotas.