Plaza Nueva

  • Diario Digital | miércoles, 02 de diciembre de 2020
  • Actualizado 20:31

TUDELA

El dulce despertar de las fiestas

El dulce despertar de las fiestas

Para muchos tudelanos el día de Santa Ana da comienzo a las cinco de la mañana. Es a esa hora cuando multitud de vecinos salen a la calle, todavía bajo el hechizo de la luna, para ser testigos de primera mano de una serie de cánticos que tan sólo se entonan una vez al año: la aurora de Santa Ana.

Es entonces cuando se abren las puertas del número 17 de la calle Rúa y aparecen las voces que la interpretan: los auroros. Vestidos de blanco y rojo obsequian a la multitud de tudelanos que esperan en la calle con la primera de sus canciones. Ahí comienza una exaltación a Santa Ana que se prolonga durante toda la mañana y llega hasta numerosos y diversos puntos de Tudela. “Sobre todo recorremos lo que es el Casco Viejo, pero también subimos por la avenida Zaragoza para acabar en la iglesia de San Jorge”, señala Javier Marín, presidente de los auroros.

Y también jotas

Aunque el recorrido se presta a la improvisación, no sucede lo mismo con la última de las auroras. Siempre se canta cuando la procesión de Santa Ana La Vieja -que discurre al mismo tiempo que los auroros realizan su particular pasacalles, se encuentra con la imagen de la Patrona que alberga la iglesia de San Jorge. Este encuentro se produce alrededor de las siete de la mañana y es el único cántico en honor a la Abuela de Tudela que los auroros entonan en el interior del templo. ”Hemos ayudado a recuperar la procesión de Santa Ana La Vieja. Antes apenas participaba la gente y, ahora, es interminable, además de preciosa y emocionante”, apunta Marín.

Brisas tudelanas

Pero no acaba aquí su intervención en las fiestas. Apenas unas horas después y durante el recorrido procesional que realiza la Patrona por las calles de la ciudad, los auroros –que están compuestos por cerca de cuarenta personas- obsequian a la Santa con dos jotas. La primera de ellas a la altura de la plaza de San Nicolás y la segunda en la plaza Mercadal, a escasos metros de la actual morada de la “Abuela“ de Tudela.

Los auroros de Tudela están compuestos por la rondalla Brisas Tudelanas –cinco bandurrias, dos laúdes y cinco guitarras- y los cantores, cerca de cuarenta personas en total. “Somos los mismos que empezamos hace 24 años. La gente joven no se anima, pero nosotros mantebemos la misma ilusión de aquel entonces”, dice Javier Marín.

En cuanto a las partituras, los auroros se mantienen fieles a sus orígenes y entonan la original en honor a Santa Ana, basada en una melodía popular, aunque en algunas ocasiones la intercalan con una compuesta por Jaime Aldaz y otra de reciente adquisición.

Aurora de Santa Ana

La historia de los auroros de Tudela está ligada a la rondalla Brisas Tudelanas. Fue esta agrupación, fundada en 1971, la que decidió recuperar las tradicionales auroras de Tudela y su canto por las calles de la localidad, relegadas al olvido desde hacia más de treinta años. Por aquel entonces corría el año 1981, y lo que parecía un empeño fácil se topó con numerosas dificultades. La primera de ellas fue la falta de partituras originales, por lo que los miembros de la rondalla se vieron obligados a realizar una ardua labor de investigación que dio como fruto la creación de las auroras tal y como las conocemos hoy en día.

En la actualidad, los auroros de Tudela realizan diez salidas al año, coincidiendo siempre con otras tantas festividades destacadas en el calendario local.

El año póximo, esta agrupación musical cumplirá sus bodas de plata, una efeméride cuya celebración está prevista para el mes de noviembre.