• Diario Digital | Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
  • Actualizado 19:36

Los sofistas en las tertulias de televisión

Los sofistas en las tertulias de televisión

El otro día estuve viendo una entrevista que le hacía en el programa de La Tuerka Pablo Iglesias a Máximo Pradera, ganador de dos premios Ondas. Al final de la entrevista el invitado acostumbra a someterse a una “ronda de reconocimiento” en la que tiene que comentar qué le suscita alguno de los personajes que se le nombran. Pues bien, en este punto fue en el que Máximo Pradera estableció directamente una similitud muy útil entre Francisco Marhuenda y el sofismo griego. 

La razón por la que escribo este artículo, que no deja de ser un resumen por escrito de este extracto de la entrevista que puede verse en internet, es porque considero que puede serle de utilidad a los diferentes lectores de Plaza Nueva. Los sofistas, y de ahora en adelante sigo en cierta medida las palabras, que comparto, de Máximo Pradera, eran pensadores que componían un movimiento intelectual en la antigua Grecia. Se encargaban de vender sus conocimientos y ponerlos a menudo al servicio del poder. El objetivo de un sofista no era tanto alcanzar la verdad, de ahí el odio que Aristóteles les profesaba, sino más bien ganar el debate. 

Entre estas técnicas de manipulación en un debate está la conocida como “hombre de paja”. Este medio de argumentación consiste en sustituir el objeto de debate por un argumento falso. Esta técnica es ampliamente utilizada por Francisco Marhuenda, pero no sólo por él, y se puede ver en muchas de las tertulias de televisión. Imaginemos, y sigo con el ejemplo de Pradera, que se está debatiendo la amnistía fiscal. Los argumentos que se esgrimen en contra de ella pueden ser: porque sirve para blanquear dinero, porque es inconstitucional… ¿Qué hará entonces el sofista? Creará un “hombre de paja”. Ante esos argumentos incuestionables creará una ficción en la que añadirá algo del tipo: “ah, entonces Montoro es el demonio, es la peor persona del mundo”. En ese momento, pues, se dejan de lado los argumentos anteriores, las verdades en sí mismas y el interlocutor pone la atención en desmentir que Montoro sea un demonio, que sea la peor persona del mundo, etc. Espero, pues, que con estos breves párrafos hayamos aprendido todos algo nuevo y, sobre todo, sepamos identificarlo para que no nos engañen en un futuro.