Plaza Nueva

  • Diario Digital | Martes, 23 de Abril de 2019
  • Actualizado 21:57

En Navarra es urgente ya crear un partido de Navarra y por Navarra

En Navarra es urgente ya crear un partido de Navarra y por Navarra

Hace unos años, al final del gobierno de Zapatero y principios del de Rajoy, un grupo independiente de intervención cultural de Pamplona, ante la situación que ya se atisbaba de enfrentamiento nacionalista catalán y la presunta respuesta desde la izquierda de la fantástica “nación de naciones”, hizo un análisis de la situación y su repercusión en Navarra que paso a copiar aquí. Léanlo los interesados primero, por favor, aunque sea un poco largo, porque explicaba bastante bien la situación del Reino en el momento actual:

“Las alarmas suenan y nos advierten que Navarra se va a tener que enfrentar, más pronto que tarde, a problemas fundamentales sobre los que deberá reflexionar cada ciudadano, con la certeza de que solo con aquellas conclusiones a las que se llegue "en cada casa" en conciencia, con auténtica convicción compartida, podrá constituirse un consenso operativo, cohesionado y no sectario que, como en otras ocasiones (Obanos, Gamazada) le va a hacer falta a nuestro país en los tiempos venideros para sobrevivir.
En primer lugar, Navarra va a necesitar recuperar su identidad. Esta identidad profunda que hace que, históricamente, sea verdaderamente el único territorio actualmente español que podría plantearse de inmediato la recuperación de su soberanía plena, soberanía que, sin embargo, se encuentra en proceso de disolución por la influencia de dos fuerzas contrarias, ninguna de las cuales actúa de ninguna manera a favor de nuestros auténticos intereses ni los de nuestra soberanía. Una de estas fuerzas, muy obvia, es la que representa el nacionalismo abertzale “vasco”, que a lo largo de su trayectoria política ha ido generando un cuerpo teórico completamente delirante pero que pretende hacer pasar por verdadero: de todos es conocida la insostenible pretensión de pertenencia histórica de Navarra a una superestructura, antes Euzkadi zazpiakbat y actualmente una Euskal Herria política que, en una reversión que les ha hecho pasar del "Nafarroa Euzkadi da" de las viejas pintadas en nuestros pueblos al actual "Euzkadi Nafarroa da", se pretende asimilar conceptualmente con "Navarra" por medio de la actual tesis de "Navarra, el Estado Vasco- Euskal Berría". Falsaria justificación del proyecto abertzale presentada como nueva doctrina a sus creyentes ante la falta de fundamento de la anterior, pasando por alto interesadamente algo que es tan obvio como que Navarra es el Estado navarro simplemente, ya de por sí y como su propio nombre evidentemente indica, y que Navarra siempre ha sido mucho más y diferente que su definición de "vasca". A su vez, para negar la realidad, se procura ningunear, despreciar y vilipendiar a toda costa lo que el país ya es y sus símbolos son, algo que, además de constituir  una práctica política de denigración intencionada propia de enfermizos acosadores (el equivalente al uso fascista del despectivo término "españoles" con que pretenden insultar a los insumisos a su dictadura ideológica) indica el nivel de arrogancia compensatoria del complejo de inferioridad que sufren, inducidos tal vez por el victimismo enfermizo cultivado sin medida por sus ideólogos desde su mismo origen. Es sabido que los que piensan de sí mismos que son la raza o el pueblo elegido (por sí mismos, por "Dios" o por su "Historia", que es sagrada, naturalmente) nunca aceptarán que la historia real los sitúe en un lugar diferente al que creen merecer en sus delirios de grandeza (una mentalidad, por cierto, sobra decirlo, que es evidentemente muy poco democrática).

No hace falta aquí poner de manifiesto que como más o menos es sabido (porque el desarrollo histórico de este país nunca terminará de ser estudiado, como toda historia en general) Navarra tiene su raíz en los vascones (no confundir con "vascos") pueblo influido por culturas “celtíberas”, después romanizado, que acaba produciendo, en los avatares de la historia, una entidad política diferenciada de otras.  Navarra no es generada por ningún ancestral "pueblo vasco" a cuya "lengua originaria" hay que regresar (ahora además fraudulentamente travestida en batúa) sino que se desarrolla hasta acabar siendo Navarra por la gente que llega a llamarse "navarros/as" al final de un complejo proceso durante el cual también se genera el romance navarro-aragonés que acaba confluyendo en lo que ahora es la lengua mundial "castellano", o hispano, lingua franca generada en territorio de influencia hispano-vascona, astur leonesa e hispano árabe, con la aportación importantísima de este último idioma (el inglés impuesto de la época). El euskera de Navarra es una lengua Navarra, claro, pero desde luego también lo es, y con toda legitimidad, la que hablan navarros a lo largo de siglos y acaba confluyendo hoy en el actual castellano, lengua que prácticamente siempre fue usada como lengua administrativa oficial de nuestro país, y en la que se escribieron los fueros cuando se recopilaron. Tan lengua propia como la otra, y mucho más propia que el actual batúa, que es, como la neo bandera inventada por un adolescente hace algo más de cien años ya, una neo lengua. Pero, claro, el actual castellano, lengua navarra mayoritaria en la Navarra actual, es algo a batir en el proyecto de suplantación de una realidad política por otra ideado y llevado a cabo por el nacionalismo vasco. En fin, que los vascones, pues, junto con otras gentes, acaban siendo navarros, no vascos.  Navarros. Y su Estado propio y pleno es el reino de Navarra, en este momento "Comunidad Foral", cuyo derecho empieza compilándose en el Fuero General de Navarra. Y este estado no es ningún "estado vasco", sino navarro, porque, como ya he dicho y es evidente, Navarra no es vasca, ni castellana, sino algo diferente que se llama precisamente Navarra y no España, ni Castilla ni Euskal Herria siendo esto último, repetimos, como la ikurriña, un invento político muy reciente, a pesar de lo cual se pretende la suplantación ya comentada de lo verdadero, (Navarra), que es sistemáticamente denigrado y despreciado, por lo ficticio (Euskal Berría). Esto se promociona por medio del adoctrinamiento persistente y sectario de creyentes y crédulos, implacablemente condicionados desde la cuna en el interesado y falso credo (falso como todo credo y también como algún que otro “conocimiento”) que someramente se ha descrito aquí y que hoy forma parte del lastre de paradigmas dogmáticos delirantes del pasado que impiden y condicionan pensar el futuro con claridad.

Porque la relación del nacionalismo vasco respecto a Navarra es muy interesante, y merece la pena detenerse un momento en ella. Estas fuerzas proclaman la “vasquidad” a redimir de una Navarra a la que someten, con la excusa de esa redención, a un doble proceso, que intentaremos explicar a continuación.
Por un lado, pretenden la imposición de una parte, "lo vasco", a un todo, "Navarra", procediendo de una manera peculiar, es decir, con el arrasamiento de lo verdadero, en un proceso de suplantación de identidad. El ejemplo más evidente lo tenemos en la imposición del "euskera batúa" como lengua oficial de "lo vasco", cosa que poco tiene que ver con Navarra, pero sí con el "estado alternatibo" que los "altematibos" nacionalistas vascos han ideado para llevar a cabo su "construcción nacional", construcción de suplantación de lo existente por algo inexistente, pero que, sin embargo, resulta ser ¡lo auténtico!

En segundo lugar, refuerzan además este proceso de suplantación a través de un proyecto político de sistemática apropiación consciente, apropiación indebida, de la cultura propia de Navarra: así, por ejemplo, proliferan por ciudades y barrios "auténticos" joaldunak (zampantzar de Ituren/Zubieta) arrebatados a Navarra y redefinidos como "vascos". Pero Ituren y Zubieta son pueblos navarros, no "vascos", como Lanz, Olite, Tudela, Alsasua, Estella, Amaiur, Cascante Bera o Goizueta, como navarros son tanto el carnaval de Lantz como los Sanfermines, Olentzero, o la romería de Ujué. Baste esto como ejemplo de la apropiación indebida por el  nacionalismo vasco de tradiciones populares navarras, que son, por lo tanto, no vascas, sino navarras, sean o no, total o parcialmente, vasco hablantes, hispano hablantes, bilingües, plurilingües o hablen lengua de signos sus protagonistas. Claro que hablamos de lo que no son sino síntomas parciales de algo mucho más importante. 

Tan importante, de hecho, que en sí mismo define hoy la esencia y culminación de la acción política "abertzale" en Navarra, su finalidad.

Se trata del intento de apropiación nacionalista "vasca" de la Soberanía de Navarra. Por decirlo a las claras, en plan navarro: el nacionalismo abertzale “vasco” necesita a Navarra, que es, hoy también, soberana, para poder sustentar su tesis “soberanista” del pretendido “pueblo vasco”.

Este intento consiste en travestir Navarra, que es tal cual y entera, Navarra, en parte. Una  parte concretamente de “lo vasco", tal como ellos mismos lo definen, para, con este despojo, poder justificar alguna legitimidad a sus pretensiones soberanistas: Euskal Berría. Como esto no tiene fundamento alguno, porque "lo vasco", lo “euskaldun”, es parte de Navarra y no al contrario, pero cumpliendo racialmente con el arraigado y pertinaz precepto que dicen castellano de "sostenella y no enmendalla", han inventado la nueva tesis, en el acto definitivo de apropiación de legitimidad que comento, que proclama a Navarra  ese “ Estado Vasco" que nunca ha sido pero que quieren hacernos creer que fue, y que ¡fue Navarra!  Así, convirtiendo a guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos en navarros, también, se apropian (nosotros en realidad somos vosotros, así que nos quedamos con lo vuestro porque, en realidad, es nuestro) de la legitimidad soberana de Navarra. Que, insistimos en esto para que quede claro, es la única entidad política española que se podría declarar independiente mañana mismo, si quisieran hacerlo sus ciudadanos, por un simple proceso parlamentario democrático de denuncia de la Ley “Paccionada” de1841, cosa que no pueden justificar en modo alguno ni Cataluña, ni Euskadi, ni nadie más.

Es decir, se trata, pues, de un doble proceso: los nacionalistas vascos se apoderan de lo que es nuestro, mientras intentan imponer lo “suyo”, su idealismo totalitario como si fuera lo verdaderamente nuestro. Es un producto de su adicción a la cuquería política (forma de hacer política de la que suelen acusar a los demás): vamos a los nidos de los ruiseñores, jilgueros y txantxangorris (navarros de la ribera, la zona media o la montaña, claro) les ponemos nuestro huevo de cuco (sin que deje de ser de serpiente) y nos encontramos con una descendencia de cucos que se creen ruiseñores, jilgueros o petirrojos...sin poderlo ser, porque ya son cucos, como es el caso. Esto viene además acompañado por la pretensión de equiparación del Fuero de Navarra, Ley Fundamental del Estado Soberano de Navarra, con los fueros provinciales de las tres provincias. Nombres semejantes de realidades diferentes.

Pero Navarra no tiene el problema por ese lado, solamente. Desgraciadamente, ninguna de las fuerzas políticas operantes en nuestro país parecen actualmente dispuestas a defender nuestra identidad, compleja y diversa pero nuestra, con todas las consecuencias. Los socialistas navarros tienen, como los postcomunistas de IU (y, desde luego, la otra marca blanca actual de la izquierda comunista que se dice “internacionalista pero que es cómplice del nacionalismo, Podemos) demasiados condicionamientos ideológicos y lastres del pasado como para enfrentarse con el nacionalismo, abertzale o no, en términos ideológicos, y liberarse tanto de su influencia negativa (resulta que los cucos son más "de izquierdas" que nadie, y más lo que haga falta, hasta demócratas, desde luego) como de las servidumbres que esta dependencia les suscita (y la propia con la auténtica dirección del partido en Madrid). Y menos aún les lleva a enfrentarse a ellos en términos de soberanía nacional de Navarra, algo que, para estas ideologías “de izquierda” tan comprensivas con los nacionalismos catalanes o vascos, no existe, escudándose en que promueven un vaporoso federalismo (con Navarra integrada en la Euskal Berría del nuevo advenimiento) que, en todo caso, debería ser una opción a decidir por los ciudadanos de Navarra en su momento, y tras una discusión democrática efectiva de esa opción o cualquier otra posible. Además, otras de estas fuerzas "de izquierda", como Baztarre, ahora en alianza con IU, que tal vez pudieran desarrollar una cultura política local y autónoma crítica y democrática ya que es genuinamente navarra, se adhieren, desgraciadamente abducidas, a lo que voy a denominar tesis filo vasquista (la tesis de que lo euskaldun de Navarra es "vasco” y no "navarro", como ya he dicho). El hecho de que el socialismo surge en un contexto de humanismo universalista (después "internacionalista") hace a estas fuerzas tener dos varas de medir, cuando no deberían tener ninguna. Baste poner de manifiesto las patochadas de un Cayo Lara o Anguita sobre el auto otorgado "derecho a decidir" de Cataluña, mientras se pretende acabar despectivamente con la soberanía legal de Navarra o con los conciertos vascos. En fin. Además contamos con la actual UPN, conglomerado de intereses que se define como "regionalista", que se encuentra a la defensiva y apoyándose lógicament, ante la embestida del nacionalismo vasco, en una derecha española que ostentaba  el poder en España hasta hace poco a través de un partido de delincuentes políticos de la peor especie y que también tiene aquí delegación oficial. Fuerza política, UPN, que ahora se está acercando a Ciudadanos, porque el dogma “neoliberal” tan caro al Opus Dei de Pomés y la Cámara de Comercio así lo aconseja y también, tal vez,  la pervivencia de su manera de entender la Navarra “española”, cosa que nos parece legítima e interesante. Al parecer, algo queda del rescoldo soberano. Podemos decir, pues, que aquí y ahora, en general, las fuerzas que no simpatizan o contemporizan con el nacionalismo abertzale lo hacen con el nacionalismo español. Pero, y he aquí el origen de nuestros males, a pesar de que los políticos pretendan imponernos su interesada realidad virtual, resulta que mucha gente cree que ni somos solo galgos ni solo somos podencos. Y resulta, claro, que Navarra es Navarra, con muchas cosas en común con todo el entorno, incluido el lado navarro de los Pirineos como no puede ser de otra manera, y especialmente con la península tras quinientos años de una relación problemática pero efectiva, en la que Navarra solo ha sido puesta
en cuestión, como ahora, por pura debilidad o dejación de los propios navarros.

Cuando Navarra entra a formar parte de lo que hoy llamamos el Reino de España, no hace dejación voluntaria de su soberanía, sino que acaba "acordándola" (con las instituciones de los demás ciudadanos españoles). Así que hoy, en tanto ciudadanos navarros, compartimos nuestra ciudadanía parcialmente con los demás ciudadanos españoles, en un proceso histórico que termina, de momento, con la Constitución fruto de la Revolución Democrática de 1978. Y hay que dejar claro que el resto de España no puede alterar unilateralmente, pues no tiene legitimidad alguna para hacerlo ni la ha tenido nunca, la forma en que Navarra acuerde formar parte del estado español, actual Reino de España. Porque, para los ciudadanos de Navarra, es esta la que es democráticamente soberana en sus instituciones.

Pronto nos podríamos encontrar con una situación en la que podría ser que se "permitiera" la independencia de Cataluña, (o "Euskadi").  A nuestro entender, en ese momento Navarra debería estar preparada para reclamar y declarar unilateralmente su propia soberanía, ya que el sujeto político con quien se mantienen los acuerdos actualmente, el Reino de España, habría desaparecido como tal, puesto que España lo es con Cataluña, y sin Cataluña (o Euskadi) sería otra cosa, aún con el mismo nombre.

No es el Parlamento ni el pueblo español, incluidos ahí "vascos" y "catalanes", los que tienen la potestad de decidir por Navarra, sino el pueblo de Navarra. Además,, el Parlamento de Navarra debería ser radicalmente renovado: parece inaceptable que la forma en que queramos salir de la crisis de sistema en la que nos encontramos, o la manera como debamos configurar nuestra convivencia en general (régimen local, relaciones laborales, sistemas fiscales, etc.) pueda venir impuesta por el Parlamento de Madrid, con la aquiescencia de parte de la actual estructura de partidos locales, partidos que representan conjuntamente una realidad donde la variante que se pone de manifiesto aquí y que es muy sentida por muchos navarros de diferentes sensibilidades sociales no está representada de ninguna manera.

Pasan muchas cosas sin que al parecer a nadie importe. Pasa el estrangulamiento (ya superada la memez, pero sirva de ejemplo a no olvidar)  por parte del nefasto gobierno doctrinario abertzale de Guipúzcoa de la salida Navarra hacia Hendaya e Irún sin que se cuestione el derecho a decidir nada por parte de esa gente sobre una carretera de titularidad Navarra (y que debe seguir siéndolo) y sin que el Parlamento de Navarra reclame a Guipúzcoa territorios históricos de Navarra, como Fuenterrabía/Hondarribi. ¿Hay patriotas navarros en este Parlamento, actualmente, o solo lobos vende patrias vestidos de cordero, sean estos de la casta merina o de la latxa?  Pasa que no es quién un dirigente socialista “catalán” que ya no ejerce (Pere Navarro, que paradoja, en su día) para decir nada sobre la relación económica acordada entre una soberanía, la de Navarra, con el resto del estado español. Y pasa que habrá que preguntar a los navarros si queremos formar parte como “estado federado” de un futuro "estado federal" o no (o preferimos, por ejemplo, la forma confederal que subyace actualmente, o la independencia) si esta misma pregunta se les pregunta a otros que ni tienen ni tendrán la soberanía originaria que sí tiene Navarra. Pasa que tal vez haya llegado la hora en que  Navarra asombre al mundo, como pronosticara Shakespeare, recuperando su  soberanía plena en cuanto a poder desarrollar políticas plenamente democráticas, ajenas y distintas a la omnipresente y obsoleta euroestafa, y desarrollar localmente, con nuestros medios, el Segundo Estado de Bienestar, que es lo que nos haría salir de esta crisis de sistema, configurando un sistema diferente y mucho más moderno, acorde con la tecnología que tenemos a nuestra disposición y con la percepción democrática avanzada de un país educado de verdad (pero anestesiado) como es el nuestro. Pasa que tal vez ha llegado el momento de reclamar nuestra soberanía plena, sin dejar de formar parte de una España democrática o de una Europa democrática, pero por nuestra voluntad de que así sea, a nuestra manera, con nuestra forma de ser, no desde la disolución sino desde la cooperación democrática.

Navarra es Europa antes de ser España. Navarra no era España (y los vascos y catalanes si lo eran) cuando los Reyes Católicos expulsaron a los judíos, ni cuando descubrieron América para Europa. Navarra nunca dejó de ser soberana ni tras ser vencida en 1512 o 1521, y tampoco puede dejar de serlo ahora porque lo digan otros que, eso sí, reivindican una soberanía falsaria, como sucede en la CAV o Cataluña.

Así que desde estas páginas se hace un llamamiento público a todos los navarros, a los que no tienen adscripción política pero también a aquellos que militan en ideales democráticos pero no son sectarios: empecemos a generar el futuro, creando la herramienta que desarrolle ese futuro. Navarra nos necesita a todos en esta hora. Necesita curar y limpiar las raíces de esta haya (que no roble) milenaria y permitir que del tronco común salgan ramas, ramitas y hojas sanas y diversas, como la misma sociedad democrática, porque ribera o montaña  todo es Navarra y para que salgan los “brotes verdes” que realmente queremos se necesita una nueva primavera. Necesitamos confluir para aportar en un movimiento democrático nacional por la recuperación plena de la soberanía de Navarra, una recuperación de soberanía que nos permita desarrollar a nuestro modo, democráticamente, el gobierno directo del pueblo, por el pueblo y para el pueblo y la democracia del siglo XXI,  la Democracia 2.0 del Segundo Estado de Bienestar, el de un sistema financiero público, una renta básica general garantizada y el énfasis en un desarrollo cultural propio (social, científico, técnico, artístico, etc.) en todos los sentidos y de acuerdo con el Pacto “aeque principaliter” –en pie de  igualdad y en “la persona del príncipe”- (Cortes de Burgos de 1515,  en las que Fernando se comprometió a guardar los fueros y costumbres del reino -hoy Constitución de 1978)  es decir integrados desde nuestra soberanía, que sigue vigente y plena y debe ser reconocida por una España democrática mientras exista como tal “este país”, como dicen los que no lo quieren, e integrada en el mundo.  Este es el tercer reto, el del futuro, y la solución a cómo hacerlo resolverá o no a su vez los otros dos.

Y lo debemos hacer, en Navarra, los navarros.”

Hasta aquí el llamamiento. 

Y acabo ya: efectivamente, en Navarra muchos nos sentimos en la más absoluta orfandad política, porque lo que se nos ofrece no se corresponde en lo absoluto con lo que realmente pensamos y sentimos. Necesitamos recuperar el nombre ancestral de nuestro país, Reino de Navarra. Necesitamos acabar con la hegemonía de los “cucos” en la reivindicación de nuestra soberanía. Queremos hacer vigente la soberanía de los navarros. Queremos que los seiscientos cincuenta mil ciudadanos de Navarra formen parte del Parlamento Digital Democrático Ampliado y que puedan intervenir en aquellos asuntos que los grupos políticos organizados “in situ” en el Parlamento “analógico” determinen como importantes, de acuerdo con procedimientos democráticos reglados. Necesitamos un sistema financiero público y civil que otorgue una cuenta a cada ciudadano de Navarra desde su nacimiento, y queremos que todo ciudadano de Navarra también desde su nacimiento tenga una Identidad Digital y una cuenta de acceso a Internet que le permita ser parte de la propia administración de Navarra para que pueda desarrollar su  ciudadanía de acuerdo con los derechos y obligaciones de esa ciudadanía democrática. Y para ello necesitamos urgentemente un partido democrático y progresista, el partido de y para la Sociedad Inteligente, ajeno a los dogmas obsoletos tanto de una izquierda sin rumbo, completamente podrida por el “postfranquismo” como los de una “derecha” asocial y que va a acabar representando solo la avaricia.  

Porque  la Sociedad  Inteligente actúa por medio del conocimiento. Para la Sociedad Inteligente y  Democrática, el marxismo, el cristianismo o cualquier otra teoría son información, no dogmas o credos a adoptar, e imponer, totalitariamente. Y, creedme, necesitamos ese partido, ya. Antes de que sea demasiado tarde.