Plaza Nueva

  • Diario Digital | Martes, 23 de Abril de 2019
  • Actualizado 21:54

Carta abierta a Felipe González

Carta abierta a Felipe González

Hace un par de días, Felipe González seguía con el lastre del Federalismo, en una entrevista en el País. Es realmente terrible que la 'izquierda' representada por el Partido Socialista (del dogmatismo comunista no merece la pena ni hablar) sea incapaz de 'desaprender' sus dogmas y credos (aunque algo hizo en Suresnes) y  de salirse, por fin de una vez, del anticuado 'marco' mental en el que habita su forma de pensar, su propia ideología obsoleta. Porque eso es gran parte del problema. 

España, que es un país compuesto realmente de dos estados, 'España' y Navarra, no puede ser 'federal', si se pretende que sea un sistema democrático estable (cosa que parece que a 'esta izquierda' no le interesa) si no es forzando su tradición política.  Porque no está en su naturaleza. El 'federalismo' es un concepto traído de fuera por las 'elites' condicionadas por los factores históricos que derivan de la Ilustración y de las revoluciones francesa y americana, y no corresponde con la tradición política española, que define una tradición 'foral', como muy bien intuyó el escritor de Prada hace poco, y como no acaba de comprender Javier Cercas en la defensa de una 'monarquía federal' en su artículo contra el totalitarismo 'republicano' de Pablo Iglesias.  Es decir, el Estado de las Autonomías es una genuina y brillante creación política española que atiende a la diversidad del país desde su propia tradición política en la actual 'foralidad democrática' desde la soberanía democrática constitucional del 'pueblo español', no ya como concesiones de nobles o de reyes  (como eran en origen los fueros 'vascos', no el de Navarra, que es una Ley fundamental del Estado de Navarra que el rey debía respetar para ser reconocido como tal y no es una ley 'otorgada' al pueblo por los reyes, sino al revés) sino que ahora ya desde la propia soberanía popular establecida en la Constitución. Es decir, nos encontramos, por fin, con el fruto de la adecuación natural de la realidad política española, el retorno a una evolución política que fue rota por la invasión francesa de principios del XIX, el mayor trauma sufrido por España desde la invasión musulmana,  y que es verdaderamente fruto de  una tradición genuina española, pero adaptada a la actual realidad democrática. Y, para los que estamos por dar el paso a la Sociedad Inteligente de una vez, la cuestión hoy ya no trata de 'federalismo', ese concepto del XIX, sino de analizar y ajustar el Estado Autonómico de acuerdo con el fundamento de la democracia y de la ciencia, es decir, haciendo el sistema más eficaz desde su consideración como fuente de experiencia y conocimiento, en el sentido de la integración social de los ciudadanos en la vida común, respetando la complejidad y la diversidad creciente de la sociedad  desde la libertad y las leyes, para hacerlo más eficaz. Porque para la Sociedad Inteligente, hoy, las ideologías no son 'credos' ya, sino, simplemente, información. Y la democracia, para la Sociedad Inteligente, es la cultura que aplica la inteligencia en el autogobierno, de acuerdo con la Constitución, creando leyes democráticas adecuadas. 

Con la Revolución democrática española de 1978 se puso fin al franquismo, pero también al republicanismo. Hoy, los que pretenden volver a imponer sus dogmas sectarios y obsoletos, es decir, los afines a la actual Internacional Comunista, cómplices del golpismo nacionalista catalán y del nacionalsocialismo 'vasco', pretenden hacernos creer que el  'Régimen del 78' es la 'continuación del franquismo'. Pero no es verdad, todos lo sabemos. Mienten y manipulan para condicionar el imaginario social, y lo hacen a sabiendas. Siguen creando y promoviendo un imaginario antidemocrático a base de denigrar nuestras instituciones y de presentar su 'sagrada' república como un prodigio, pero todo aquel que haya leído un poco sabe que la República fue un desastre político (mientras la sociedad avanzó en muchas cosas, pero lo hubiera hecho mucho más sin tanto sectarismo, probablemente) y que acabó como acabó también gracias al totalitarismo de la 'izquierda revolucionaria' del momento, los mismos que han hecho lo posible para distorsionar el desarrollo de la vida democrática constitucional actual con su apoyo y complicidad con el terrorismo nacionalista 'vasco' de ETA, y el FRAP.  Porque el 'régimen' es 'la continuación del franquismo' (pero son ellos, en realidad, sus verdaderos continuadores 'antifranquistas'.

Y cualquiera sabe también que hubo idealismo en ambos bandos de la Guerra Incivil. Y ya está bien. Porque, como sociedad, tenemos que entender que Azaña o Machado o Prieto, Mera, Pasionaria o el Noi del Sucre son parte de nuestra historia, pero Franco o Mola también,  que la democracia no justifica la actual caza de brujas contra el franquismo, y que España es más importante que la democracia, esa democracia que de nuevo  pretende derribar el fascismo de extrema izquierda y sus cómplices del peor nacionalismo, el que pretende arrogarse como verdadero un credo dogmático antidemocrático, como es todo supremacismo, se trate de 'naciones' o de la 'vanguardia obrera'.  

La sociedad española tiene talento de sobra para seguir innovando, porque el sistema/crisis en el que estamos debe dar paso a la Sociedad Inteligente, y esa es la meta inmediata a la que debemos aspirar, una meta, además, ineludible, o volveremos a ser de nuevo, como quieren los fascistas actuales de 'izquierda' o 'derecha', otro estado fallido.  Pero, claro, fue González, en una actitud muy típica de los años 80, el que dijo que 'ya está todo inventado'. Pues no, Felipe. España aún está por seguir investigando, creando, mejorando e innovando. Es decir, evolucionando, como el resto del universo, y algunos queremos que esa evolución la conforme una inteligencia social democrática. En sus instituciones, y, si hace falta, también en su sistema de partidos políticos. Que buena falta hace.