• Diario Digital | Jueves, 21 de Febrero de 2019
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Diario Santanero (Episodio 3) - Elogio de la paradoja

Un café con helado escuchando 'reaggeton' a las cinco de la tarde puede marcar un antes y un después.

Solo en fiestas de Tudela nos metemos a un torrente de agua lanzado desde el balcón. Foto: Iker Sesma.
Solo en fiestas de Tudela nos metemos a un torrente de agua lanzado desde el balcón. Foto: Iker Sesma.
Diario Santanero (Episodio 3) - Elogio de la paradoja

Hace un par de días que le vengo dando vueltas a la reflexión de un amigo, Gonzalo, que está convencido de que las abundantes sobras de chistorra en los platos del almuerzo del chupinazo esconden un significado antropológico ligado al amor: con el roce que se genera el día 24 -una oda a las distancias cortas por el volumen machacón de la música- , muchos mozos y mozas tienen esperanzas de vivir un momento de romanticismo y pasión. Y los besos con sabor a chistorra o los susurros con tufillo de chistorra no molan.

Es paradójico que la deriva de la fiesta -el 24 se presta mucho a esos encuentros amorosos- haya relegado la condición festiva de la chistorra (¿quién come chistorra un martes cualquiera del año?) a un plano absolutamente marginal. Hoy, los jóvenes probablemente habrán evitado los almuerzos con chistorra o sucedáneos cárnicos porque aterriza en nuestras fiestas la joya de la corona: el Día Todo Joven, los DJs, el desenfreno, la fiesta en su esencia más primitiva.

Hoy existen paradojas, como que haya una fiesta de pinchadiscos en un parque del Casco Antiguo porque no se hizo en Herrerías y, al mismo tiempo, se organice otra fiesta de pinchadiscos bajo la denominación 'Herrerías Day'. Apunta a duelo del 'far west'. E intuyo que, en las evaluaciones posteriores, la de Herrerías ganará por goleada. Herrerías, esa Jerusalén de la fiesta. No se puede negar que allí se vivieron los mejores años de la postcomida popular.

Las paradojas enriquecen el ambiente durante estos dias. Pedíos un café con helado en una terraza de la plaza de los Fueros y disfrutad de los dulces y refrescantes tragos y cucharadas de placer al ritmo de varias canciones de 'reaggeton' o electrolatino (algunas de hace cuatro años por lo menos). Marcará un antes y un después, sobre todo si junto a vosotros están sentados vuestros suegros e intentáis tener una conversación medianamente seria con el bambam-pumpum-dámelopapi de fondo.

En fiestas también puedes ir a cenar a las once y pico de la noche, después de los fuegos, porque se te ha ido la hora, y no jurar en arameo. La digestión durante estos días pasa a un segundo plano. Puede hasta acabar siendo la mejor cena de tu vida. También es posible desayunar un bocadillo de jamón con 'coca-cola' y, si has salido mucho, te levantas de resaca y te apalancas en el sofá, cenar un vaso de leche con galletas. Con el tema de la música, 'rockanrollear' y mover cintura en un lapso de dos minutos no debería extrañar a nadie.

La paradoja existe. Requiere un espacio propio. Así pues, emocionémonos con las jotas aunque cambiemos de canal cada que en el 'zapping' nos topamos con un certamen popular, llevemos la camisa blanca de manga corta y talla 'extragrande' aunque la estética no acompañe. Elogiemos la paradoja, vivámosla de cerca. Solo así seremos parte de esta semana con normas preestablecidas que, sin embargo, se ríen de la lógica igual que cualquier rebeldía.