• Diario Digital | Miércoles, 28 de Junio de 2017
  • Actualizado 08:55

¿Qué nos pasa?

Atrás quedó la Semana Santa, ese periodo religioso que se ha tornado folclórico en un país ateo, que la celebra con cofradías laicas, tamborradas, y procesiones ‘sociales’. Somos así, fruto de cientos de años de aislamiento y jerarcas tiñosos, hipócritas y pobres.

Por ello, no debe resultarnos sospechoso que celebremos la buena nueva de la Resurrección del Señor con Romerías como la de El Ángel, en Tudela, que se tornan bacanales, y antes sólo eran desahogo etílico del trabajo diario.

Llevábamos años sólo quejándonos del estado lamentable, de suciedad y ruina en que quedaban los sotillos del Ebro, incapaces de concienciar y reconducir la situación año tras año, a pesar de la obviedad de la deriva y del cambio del sentido lúdico y hasta religioso dado por no se sabe qué emotividad de placer rápido y nula conciencia.

Ahora, algo más grave nos ha disgustado. Los excesos antaño inocentes y aldeanos ahora son multitudinarios... Todo el mundo los ve, pero nadie quiere mirar.

El polvo blanco está arruinando una sociedad aturdida y entregada al cortoplacismo de las ideas y los placeres. ¿Qué nos está pasando?

Contemplamos cómo la cocaína está destrozando personas, casas y familias. Demoliendo hogares y trabajos, y lo consentimos, o más bien soportamos, por comodidad o por miedo.

Un accidente se ha llevado una vida en plena ebullición, con 20 años,

y quizás sea el momento de que todos alcemos la voz y digamos ¡basta! Y no consintamos más esta barbarie silenciosa y absurda.

Tenemos problemas. Padecemos carencias. ¿Quién no? Pero consentir socialmente como válido ese ‘ponerse’ que supone esta lacra, nos habrá de traer muchos más sustos que el de este Domingo de Resurrección en Las Norias de Tudela con chavales pasados fuera de sí.

A la vista de todos está que debemos cambiar para saber vivir como sabían nuestros ancestros, disfrutando de las cosas más sencillas que, a la postre, son las que más llenan la vida.

Lo demás, juegos efímeros que siempre se terminan pagando caros.

Mariano Navarro Lacarra

Director