Plaza Nueva

  • Diario Digital | sábado, 24 de agosto de 2019
  • Actualizado 09:31

Educación y protección de la infancia

Educación y protección de la infancia

Leo que el Gobierno de Navarra quiere potenciar la educación sexual a través de los colegios, institutos, centros de salud y actividades de ocio. Se trata de la aplicación del Decreto Foral de Salud Sexual y Reproductiva de 2016.

En educación, esta política se está llevando a cabo por medio de ‘Skolae’, el programa de coeducación que se va a implantar en todos los centros educativos de Navarra y en el que se está formando al profesorado. Este programa de coeducación, desarrollado en distintos aprendizajes y competencias, se quiere trabajar por medio de un itinerario que empieza por la etapa infantil (de 0 a 6 años) y llega hasta el Bachiller y la FP (de 16 a 18 años).

Si se lee el texto de ‘Skolae’ (disponible en la web de Educación), vemos que se pretende inculcar al alumnado toda la teoría de género: el sexo como construcción social, la socialización de género, roles y estereotipos de género, la división sexual del trabajo, etc. (pág. 24). Asimismo, se quiere superar el sexismo y el androcentrismo, la cosmovisión según la cual el hombre es el centro y la medida de todas las cosas, así como hacer valorar a los alumnos los logros de los movimientos políticos feministas (pág. 25).
Por su parte, en el cuarto aprendizaje, sobre sexualidad, convivencia y prevención de la violencia, se habla de llevar a cabo “un acercamiento a la sexualidad en la infancia y adolescencia desde una dimensión plural y enriquecedora en la biografía de cada persona” (pág. 60).

Si leemos, por poner un ejemplo, cómo se concreta este aprendizaje en la etapa infantil (recuerdo, de 0 a 6 años) podemos leer cosas como las que siguen: “El cuerpo como fuente de sensaciones, comunicación y placer, el papel de los sentidos”. “Reconocimiento de la sexualidad infantil desde el nacimiento despenalizando el reconocimiento y la vivencia de dicha sexualidad en el ámbito de la escuela y la familia (curiosidad sexual, juegos eróticos infantiles...)” (pág. 68).

Al leer semejantes contenidos, no puedo dejar de plantear estos interrogantes: ¿qué violencia quiere prevenir el Gobierno por medio de estos aprendizajes? ¿La que se da contra la infancia? ¿Qué tiene que ver la educación con la sexualización de la infancia y la adolescencia? ¿Qué respeto y qué igualdad se fomentan desprotegiendo a los niños y vulnerando su inocencia? ¿Dónde quedan los derechos de los niños a ser protegidos en su integridad física, psíquica y moral? Son preguntas que deberían responder nuestros responsables políticos.

Tomás Leache