Plaza Nueva

  • Diario Digital | lunes, 14 de octubre de 2019
  • Actualizado 03:13

Dime de lo que presumes

Dime de lo que presumes

De nuevo los miembros de un sedicente “ateneo” que rinde homenaje a un liberal golpista, sacando a pasear sus particulares prejuicios, obsesiones, y fobias. ¡Allá ellos!.

Lo que no se puede hacer es, desde esa pretendida tribuna, pontificar sobre vida y milagros de personas, organizaciones, y hechos, congelando en el tiempo un hecho histórico puntual, sin situarlo en su contexto. Todo texto tiene su contexto que ayuda a situar el hecho y su mensaje, y que también ayuda al receptor de dicho mensaje, a su comprensión,  so pena de recibirlo desenfocado, mediatizado, sectarizado.

Los carlistas hemos aceptado, y aceptamos, públicamente, ese y otros muchos hechos a lo largo de nuestra vida histórica, incluidos los que nos ha tocado sufrir en carne propia.

Don Carlos Hugo no se paró en 1964; vivió unos años más, y, en ese tiempo hizo muchas otras cosas; entre otras, animarnos a no caer en el culto a una persona, a una familia, a una ideología, a un sistema…, y a ser críticos con los hechos que suceden a nuestro alrededor, incluidos los hechos que hacemos cada uno de nosotros mismos, para decir y actuar con criterio propio, así como también nos animaba a unir nuestras fuerzas con las de los que de un lado y de otro lado empujaban la estaca, hasta que la estaca cayó; no del todo, pero cayó. 

Puestos a elegir un momento de la vida del Carlismo, podían haber elegido aquel momento cercano a la Navidad de 1937 cuando el padre de Don Carlos Hugo, Don Javier, le dijo a Franco, a la cara, que el Carlismo no aceptaba el Decreto de Unificación dado por él, por Franco, en abril; que aceptaba que la dirección de la guerra competía a los militares, pero que pasada esa situación excepcional, el cometido del Gobierno militar provisional resultante sería el de convocar elecciones en los tres ámbitos de libertades, a saber, políticas, sindicales, y territoriales (libertades concretas, al igual que los Fueros), así como restaurar la Monarquía Tradicional, si el Pueblo español así lo aceptaba  en una oportuna y expresa votación.

La respuesta de Franco fue la expulsión de Don Javier, de España. No sería la única vez que tanto Don Javier como su hijo Don Carlos Hugo y tres de sus 4 hermanas (Doña Mª Teresa, Doña Mª Cecilia, Doña Nieves) padecieran la misma respuesta franquista al volver, porque no se olvidaban ni de los españoles ni de las Españas.

Yo entré en contacto con el Carlismo en las luchas obreras, huelgas, y manifestaciones de estudiantes y de trabajadores en las calles de Pamplona, en reuniones clandestinas, y estudiando sus textos e historia,  en el proceso que denominamos de “clarificación ideológica” en el que Don Carlos Hugo participó también.

¿A qué iban a la fiesta carlista de Montejurra los otros compañeros de lucha antifranquista sino a desahogarse y a respirar libertad?

Que el Carlismo ha sido antifranquista es algo tan evidente que no necesita demostración; basta con quitarse las gafas verdes de Franco al leer la historia, y un poquito de amor a la Sabiduría.

Dime de qué presumes… y te diré de qué adoleces.

Jesús Mª Aragón Samanes