• Diario Digital | Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
  • Actualizado 03:03

Mi opinión sobre el "Trianflor"

Mi opinión sobre el "Trianflor"

 No disertaré aquí sobre la ley Campoamor (llamada de tal guisa porque recuerda la cuarteta que todo quisque sabe de dicho poeta asturiano), pero acaso vendría a cuento hacerlo. Siento que me veo (estoy) obligado a dar mi opinión sobre el hotel “Trianflor”, del Puerto de la Cruz, donde he estado hospedado durante dos escasas (así se me han hecho), dos, semanas (desde el 20 de julio al 3 de agosto).

 

   La primera impresión de la habitación no fue la mejor (el mobiliario era antiguo), pero luego le tomé (el roce ya se sabe lo que hace) cariño. La camarera de la habitación, Pilar, una vez le puse en antecedentes de mi problema, satisfizo de modo diligente y solícito mi petición. Las/os camareras/os de comedor y bares (Carolina, Macarena, Marimar, Juan, Juan Manuel, Aurelio, Sergio, Álvaro, Ángel y Machado) me atendieron amablemente. Pude departir con ellas/os de manera amigable cuando su trabajo lo propiciaba, quiero decir, mientras este escaseaba. Lo propio hice con la socorrista, Amelia, y el polivalente o versátil Andrés. Tres cuartos de lo mismo acaeció con la animadora, Raquel.

Mi criterio al respecto es que la calidad humana de las/os trabajadoras/es del hotel suple con creces alguna carencia (verbigracia, no hay cocina en vivo, pero sí hay variedad de bebidas y viandas) advertida.

Si he de poner nota, daré al hotel un 8. Ahora bien, como no soy un autoritario o intransigente, acepto que otras/os puntúen de otra manera.

Seguramente, el año que viene volveré a pasar mis vacaciones estivales en el “Trianflor”.

Si me permiten una recomendación las/os probables/posibles clientes de dicho establecimiento, tal vez lo correcto fuera que no acudieran al hotel con pareceres preconcebidos (ni buenos ni malos), o sea, que se cepillaran completamente los prejuicios adquiridos (los criterios de otras/os son de otras/os, de las/os demás; no son los suyos, propios, que son los que, de verdad, cuentan) y valoraran y juzgaran tras tener o vivir su propia experiencia.