Plaza Nueva

  • Diario Digital | Lunes, 25 de Marzo de 2019
  • Actualizado 13:40

Carta abierta a Uxue Barkos Berruezo

Carta abierta a Uxue Barkos Berruezo

Señora Uxue Barkos Berruezo:

Me dirijo a usted por ser la actual presidenta del Gobierno de Navarra y ostentar, como merece, la más alta representación de la Comunidad Foral y la ordinaria del Estado en Navarra:

 Como le consta (me temo que no hay un solo navarro adulto, sea hembra o varón, viva en su tierra de origen o allende las mugas o los mares, lea las ediciones en papel o digitales del Diario de Navarra o del Diario de Noticias, que no esté enterado del hecho), el lunes pasado comenzó en la Audiencia Nacional el juicio contra los ocho jóvenes que, en la madrugada del 15 de octubre de 2016, durante las fiestas patronales del municipio, agredieron presuntamente a un teniente y a un sargento de la Guardia Civil y a sus respectivas acompañantes o parejas primero dentro y luego fuera del bar Koxka de Alsasua.

Vaya por delante mi criterio personal al respecto, siempre que se tome el mismo por verdad interina, porque, si se demuestra durante el juicio, de manera fehaciente, que estoy equivocado, no me dolerán prendas ni tendré ningún problema (soy fiel epígono o seguidor de Karl Popper, como reconocía ayer en la misiva que le dirigí a Pepe Álvarez, secretario general de la UGT) en admitir que estaba errado y en aceptar y adoptar la nueva verdad por la auténtica o fetén.

Tengo para mí que la presunta golpiza de Alsasua no fue un acto de terrorismo, como mantienen unos, ni una pelea de bar, como sostienen otros. Ergo, las penas de 50 años de cárcel que pide la fiscalía para siete de los ocho acusados me parecen una barbaridad. No faltará quien, sabedor de que servidor ha confesado (en más de una ocasión o urdidura) ser un exagerado empedernido, un hiperbólico tenaz (suelo culpar al agua del Ebro de ello), me achaque que ahora no venga aquí a poner excusas; y me suelte, tras el “consejos vendo y para mí no tengo”, que no me queje.

Me parece que cualquier ciudadano de a pie está en su derecho de criticar la petición de cárcel hecha por el fiscal. Considero que el susodicho, sea ella o él, es muy libre de acudir a una manifestación en la que se apoye o reivindique lo que sea (siempre que este algo no sea contrario a derecho, claro), ahora bien, no veo correcto ni justificable que dos poderes, el legislativo, quiero decir, el Parlamento de Navarra (con los votos a favor de Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e Izquierda-Ezkerra), al aprobar la declaración institucional, y el ejecutivo, o sea el Gobierno navarro (conformado por los partidos antes mentados) que usted lidera, hicieran el sábado pasado en Pamplona lo que coronaron con (mejor, contra) otro poder, el judicial; y que, en representación de usted y su Ejecutivo, colijo (ignoro si marro), acudiera a dicha manifestación en apoyo de los jóvenes alsasuarras su portavoz, María Solana. Juzgo que es una injerencia inadmisible. Lo mismo hubiera pensado si la presión hubiera sido ejercida a la inversa.

 Además, habiendo dado el hecho por yerro que convendría enmendar con urgencia, entiendo que usted, como máxima responsable del Gobierno navarro, cometió otro error más al no acudir (ni enviar, en su defecto, una representación de su Gobierno) a la marcha del pasado martes en apoyo de las víctimas de la presunta paliza. Usted, en este concreto caso, en mi modesto parecer, se comportó, mutatis mutandis, como suele hacer el presidente del Parlamento catalán Roger Torrent (que puede llevar el lazo amarillo donde sea menos en la Cámara o allí donde represente a todos los catalanes, pues lo es de todos, no solo de los independentistas, aunque ostente el cargo por los votos de los parlamentarios de su cuerda), decantándose por una de las sensibilidades o partes. Ha incurrido en lo que en psicología se conoce como “síndrome Mesala” (por ser ese el personaje de “Ben-Hur” que le suelta esto, “o estás conmigo, o estás contra mí”, a Judá, su antiguo amigo de la infancia), al mostrarse cercana a unos y alejada de otros.

Sin otro particular, y aunque sé que mi anhelo es obviamente un imposible, le desea que acierte siempre que funja o ejerza como presidenta de los navarros, de veras, en cuanto decida hacer o dejar de hacer, quien queda a su entera disposición (siempre que lo dispuesto —suelo agregar, para curarme en salud y no llevarme ninguna sorpresa desagradable— sea honesto y no contravenga ninguna ley en vigor) y firma la presente epístola,