Plaza Nueva

  • Diario Digital | Domingo, 19 de Mayo de 2019
  • Actualizado 14:28

Amigos entrañables desde entonces

Amigos entrañables desde entonces

Desde que ha trascendido a los mass media, desde que es vox populi, que Emilio González y yo somos amigos entrañables e inseparables desde antaño, son legión las/os que suelen preguntarme cuándo y dónde conocí a “Metomentodo”. Como mi memoria, frágil, no tiene nada que ver con la suya, prodigiosa, pues goza de una similar a la que disfrutaba (no faltará quien se fije en la cara opuesta, el revés de la moneda, y, como corolario, vea o le parezca que ve lo contrario, que padecía) Funes el memorioso, el impar personaje ficticio que salió del magín fantasioso de Jorge Luis Borges, he llegado a la conclusión de que tal vez me convenga aprenderme de corrido y de memoria, como hice de niño con el padrenuestro y de adolescente con el avemaría en latín, el coloquio que “Metomentodo” escribió el día que nos conocimos, hace más de cuarenta años, en el seminario menor que los Padres Camilos regentaban otrora en Navarrete, La Rioja, en el “hiperbreve” (él, a la sazón, prefería usar este término al que, a la postre, acabó imponiéndose, en la lengua escrita y la hablada, microrrelato), que tituló “¿Diálogo de besugos?”, que apareció publicado en una revista hoy inencontrable, Los jóvenes hablan:

   “—A ver, “Otramotro”, ¿qué parecidos encuentras entre miedo o temor y suceso?

   “—¿Que los dos, “Metomentodo”, suceden?

   “—No, hombre, no; que, si no en todo momento, casi siempre, el grueso o la inmensa mayoría de los casos y las cosas que tememos no los obtenemos, no suceden; y, en el supuesto de que ocurran, no son tan graves como temíamos.

   “—Al parecer, “Metomentodo”, te crees asaz dicaz y bastante perspicaz por improvisar o repentizar en un pispás la razón que acabas de proferir; ahora bien, ¿serías capaz de decirme qué tienen en común el pánico y el póquer?

   “—¿Que ambas voces son masculinas, empiezan por la misma consonante, pe, y llevan tilde“.

   “—Sí, pero no. Aprovecha la segunda oportunidad que te brindo.

   “—¿Que alguien sintió pánico jugando al póquer?

   “—Es posible que fuera así, sí, pero tampoco. Mira a ver si te has quedado calvo detrás de las orejas.

   “—Pues, aleccióname y dispara, “Otramotro”, que me tienes en ascuas.

   “—Para quien siente o tiene un miedo cerval, rayano con el pánico, allí donde se halle, o suele ver fantasmas por cualquier parte y mearse, o suele oír ruidos raros por doquier y cagarse; no es infrecuente que al miedica (ella o él) le acaezcan las cuatro o el póquer a la vez.

   “—Acabo de comprobar que tengo un alma gemela, pues eres tan burlón, coñón, guasón o zumbón como yo, o más, amigo”.

A “Metomentodo”, que se confesaba seguidor de François-Marie Arouet, “Voltaire”, le debo el remedio y el remedo; porque, como a él, a mí también empezó a petarme por entonces idéntico propósito, emular a su guía y maestro francés, quien, asimismo, se confesó epígono de don Quijote, que se inventaba pasiones con la sola pretensión de ejercitarse.