Plaza Nueva

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Un día cualquiera

Vivencias cotidianas

04-03-2007

Los seres humanos, somos esencialmente racionales. Es el rasgo fundamental que nos diferencia del resto de los seres vivos. Pero además tenemos la cualidad de sentir emociones de muy diversos tipos; tal vez los animales también. Entre nosotros, cuando nos comunicamos, hablamos mucho de nuestros planteamiento racionales sobre diversos ámbitos de nuestra vida: trabajo, aficiones, deportes, aspiraciones, posesiones...pero hablamos muy poco o casi nada de nuestras sensaciones y de nuestros sentimientos. Nos comunicamos desde la razón, siendo así que nuestra sensación de felicidad o infelicidad depende, fundamentalmente, de nuestros sentimientos. Es decir nos comunicamos de forma muy superficial.

Nuestros sentimientos, son esencialmente subjetivos y, cuanto más subjetivos más difíciles de compartirlos con los demás. Podemos compartir fácilmente el dolor que nos produce la muerte de un ser querido, porque a todos nos sucede más o menos lo mismo, pero tenemos mucha más dificultad para compartir los problemas que tenemos con nuestra pareja o con nuestros hijos, a no ser que lo hagamos con personas muy allegadas o cuando la situación esta empezando a superarnos.

En nuestra vida cotidiana  van a influir una serie circunstancias que van a ser determinantes para la sensación de felicidad o al contrario, que van a afectar de forma determinantes también nuestra vida diaria.

Las circunstancias va a ser:

  • El poder.
  • La familia: pareja y los hijos.
  • El trabajo.
  • La salud.
  • El humor.
  • El entorno social.
  • La trascendencia.

Un día cualquiera

Cuando nos levantamos de la cama por las mañanas, es difícil que lo primero que percibamos sea sensación de bienestar. Lo normal es que nos sintamos somnolientos, con el cuerpo entumecido y con cierta resistencia a comenzar el nuevo día, cuando no, de mal humor. La reconfortante ducha y el café del desayuno, nos ponen en la tensión suficiente para afrontar el nuevo día con sus retos. Es la vida cotidiana, la que se presenta ante nosotros una jornada tras otra. Esporádicamente, habrá hechos puntuales que otorgarán a ese día un significado especial y nos producirán vivencias singulares, pero lo habitual, serán vivencias más o menos universales y rutinarias llevadas de forma subjetiva.

Los ámbitos en que nos desenvolvemos cada día, son para la mayoría de las personas los mismos: la familia, el trabajo, las aficiones…también lo sugerentemente prohibido (no me refiero a lo ilegal). En esos marcos nos vamos a sentir: vulnerables ante muchas circunstancias, reforzados y fuertes ante otras, felices, desgraciados, enamorados, traicionados, sujetos a poderes, ostentando poder, aunque solo sea sobre nuestros hijos. Nos vamos a sentir con salud, enfermos, vamos a sentir admiración, envidia, amor, odio... Nos vamos a sentir tristes o vamos a reír a carcajadas. Vamos a no creer en el más allá o vamos a buscar nuestra trascendencia en momentos de crisis.

De este mar de sensaciones, vamos a sentir probablemente todas en algún momento de nuestra vida, muchas de forma frecuente, la mayoría de forma cotidiana. Van a dominar más unas u otras, dependiendo de nuestra estructura psicológica potenciada por la educación sobre todo en la infancia. Después van a influir de forma determinante las circunstancias, que parte van a ser debidas al azar, pero otras las habremos buscado mas o menos conscientemente dependiendo, en definitiva, también, de nuestra forma de ser.

Después, durante nuestra vida, la forma de enfrentarnos a todo lo que nos toca vivir, las vivencias y las enseñanzas, junto con la reflexión, va hacer que vayamos acumulando un bagaje que con los años nos permita ser expertos en pragmática de la vida, y que tal vez permita que nos sintamos cada vez, si no más felices, más equilibrados, si hemos sabido asimilar y aceptar las circunstancias vividas, el proceso de declive y envejecimiento.