• Diario Digital | Lunes, 20 de Agosto de 2018
  • Actualizado 13:13

Supremacía moral. Patente de corso

Supremacía moral. Patente de corso

Hay grupos, partidos, personas, que se atribuyen supremacía moral sobre los demás, por definición, sin habérsela ganado. Algunos se fundan en un marco teóricamente justo, pero irrealizable, que no respetan en su praxis, ni en su régimen interno. Se consideran idealistas, con una supremacía moral muy por encima de los demás, lo cual les permite, basándose en “el fin justifica los medios”, faltar a la verdad en sus alocuciones, en su proceder, incluso a veces realizar las mayores tropelías. Suelen ser partidos, personas, extremistas de izquierdas o de derechas, nacionalistas radicales. En el fondo, se sienten “elegidos” y no hacen autocrítica porque todas sus mentiras, manejos inmorales, son para conseguir teóricamente un bien supremo para la sociedad. Se sienten “salvadores”. Es también la filosofía del fascismo.

Suelen confundir el fin, que debe ser el bien de los ciudadanos, con el objetivo, que no es otro que llegar al poder y sentarse en la poltrona para “salvarnos”. En general, están muy lejos de tener asumido que su misión, como la de cualquiera que pretenda influir en la vida pública, es de servicio, pero respetando la opinión y los derechos de los ciudadanos. 

No vale el principio de mayor utilidad personal o de partido.

Suelen difundir mensajes estereotipados, apoyándose en conceptos y palabras que nadie discute porque se han ganado el calificativo de moralmente irreprochables. Así, es muy frecuente que, en sus alocuciones diarias para el consumo, delante de una cámara, de un micrófono, empleen, repitan hasta la saciedad las palabras: democrático, democracia, diálogo, justicia, bien de los ciudadanos. Después, sus actos se rigen por el principio de mayor utilidad para sus fines.

Tampoco son conscientes de que los ciudadanos somos mucho menos ignorantes de lo que ellos suponen, y que no nos tragamos a pesar de sus maquilladas puestas en escena los señuelos que tratan que asumamos.

Algunos dan por hecho, lo llevan en su ADN, que están en posesión de esa supremacía moral que les otorga patente de corso.