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Navidad y el abeto; Parábola de la vida

José Luis Ultra Arellano |

Plaza Nueva | 11 de diciembre de 2018

El nacer es como un abeto de Navidad: con bolas, ilusión, alegría, iluminado de luz, guirnaldas y vida. 

Conforme vas creciendo, las bolas, nuestros seres mayores más queridos, irán desprendiéndose del árbol perdiendo firmeza. 

Pero nos quedará alegría para festejar acontecimientos extraordinarios: amores, uniones, Navidad, Año nuevo… Y la luz irradiará a los amantes al tener un hijo, alumbrando su camino.

La ilusión de la Navidad comienza a declinar cuando muere algún ser querido que la mantenía viva. Muerte-vida, antónimos inseparables. Todos tenemos que pasar por estas circunstancias que forman parte de la existencia, pero que en determinadas fechas como éstas, lastiman especialmente.

Las guirnaldas comenzarán a marchitarse, semejante a los seres humanos. Pero a pesar de todo, nos incumbe guardar ímpetus e ilusión para afrontar un nuevo día y forjar una vida más desprendida, más cordial y solidaria. Como los viejos árboles deberemos de proporcionar una generosa sombra a nuestros hijos y nietos.

Al final, la luz se atenuará poco a poco. El árbol se resquebrará y se destinará como receptáculo para marchar hacia la luminiscencia del origen. Y entonces, quizás veamos de nuevo; el abeto iluminado.

Feliz Navidad y moderado próspero 2019.

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