• Diario Digital | Jueves, 17 de Enero de 2019
  • Actualizado 12:56

TUDELA

Villa Javier, ejemplo de solidaridad los 365 días al año

En la Ribera tenemos un lugar donde la solidaridad es el pan de cada día: Villa Javier. Por eso esta semana han recibido el Premio Olentzero 2018.

David Crespo junto a voluntarias de un turno de cena del Villa Javier
David Crespo junto a voluntarias de un turno de cena del Villa Javier
Villa Javier, ejemplo de solidaridad los 365 días al año

Llega la Navidad y una de las palabras que más repetimos es “solidaridad”. Una palabra que todos los días está presente en Villa Javier desde que naciera en junio de 2016 para ayudar a las familias, a los vecinos, a las personas que lo están pasando mal.

Villa Javier nació de la unión de diferentes colectivos e individuos a los que les unía algo muy importante: la solidaridad. Personas de diferentes ámbitos laborales, sociales, asociaciones, individuos que trabajaban por la inclusión, personas unidas a la gestión pública y privada. Ya fuera un exsecretario de Ayuntamiento, un notario, el exdirector de un instituto... se unieron para crear un patronato: Tudela Comparte, ente que está detrás de Villa Javier. “Queríamos que fuera pretendidamente diverso para que todo el mundo sintiera la posibilidad, la cercanía, de poder acercarse. Personas diversas, con diferentes ideologías, diferentes ámbitos laborables, religiosos, sociales... que convergen todos a través de la solidaridad”, así de claro lo explica David Crespo, coordinador de Villa Javier.

Hicieron una primera lectura para ver qué era lo que faltaba en Tudela y su Ribera y se dieron cuenta de que había un “déficit en la alimentación completa, digna y normalizada en algunas personas”, explica Crespo. En este primer análisis constataron, además, que había algunas personas que no podían acceder tampoco al Banco de Alimentos, por no cumplir unos requisitos mínimos, y desde Tudela Comparte entendieron que había un nicho de personas a las que no se cubría. Por ello, montaron la fundación, para ayudar a esa gente, “para ayudar a los más tiradillos”, que decía nuestro querido Perico.

Antes de empezar, visitaron el comedor social París 365 de Pamplona que llevaba cinco años funcionando. “Veíamos que era un modelo bastante exportable y se oía que lo estaban haciendo muy bien. Fuimos a conocer el modelo y, sobre todo, a ver qué era lo que no teníamos que hacer, según su propia experiencia”, recuerda Crespo. 

Desde la fundación contaban que irían hombres, mayores de 45 años y solitarios. Y así fue, pero sólo al principio, ya que luego fue mucha más gente. Vieron que había más que eso y apostaron por montar un comedor. Pero no el típico modelo de comedor frío, metálico y solitario, su visión era dar “calidad y calidez. Apostamos por algo más pequeño, más cercano y con más calidad en la atención”, explica su coordinador.

Con el paso de los meses se percataron de que había un montón de familias que se acercaban hasta el Villa Javier y habilitaron un recurso al que llamaron ‘el tupper’. “Entendíamos que el comedor no era un lugar donde debían comer los niños por la estigmatización del resto de niños, y tampoco para su propio desarrollo”, así que la familia recogían un tupper antes de la hora de comer y se lo llevaban a casa.

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Aparece el Capacico

Villa Javier fue creciendo y con la búsqueda continua de cómo mejorar. Volvieron a echar la mirada en el modelo de París 365 y conocieron  ‘la cesta básica’, un reparto como el del Banco de Alimentos, pero complementado con más fruta y verdura. Durante este tiempo, conocen también la Unidad de Reparto de San Adrián, auspiciada por el Banco de Alimentos, y el París 365 crea un formato de tienda en clave de la dignidad. “No es lo mismo recoger los alimentos en una bajera y teniendo que hacer cola en la calle, que llegar a un sitio que está bonito, parece una tienda normal y, sobre todo, tienes la dignidad de elegir tus alimentos”, explica Crespo.

De esta forma nació el Capacico: Los alimentos del Banco de Alimentos y otros donados se exponen en una tienda para las 50 familias que se atienden, que equivale a unas 200 personas de las cuales 130 son menores de edad. De esta forma, se asignan unos puntos mensuales en función de los miembros de la unidad familiar y de la situación económica. Estos puntos equivalen a dinero y cada producto tiene sus propios puntos, excepto la fruta y la verdura que no tienen puntos, pero sí unos límites para coger. “La filosofía de fondo del Capacico es que los alimentos más saludables son los más baratos y los menos saludables son los más caros, porque nos interesa que haya una dieta sana y saludable. Por eso, los productos de pastelería están más caros y las frutas y verduras no cuestan puntos”, aclara David Crespo.

Además, los voluntarios acompañan, asesoran y ayudan a quienes van a hacer la compra. Que esta ayuda es para realizar la compra, pero también como asesoramiento por si necesitan otro tipo de ayuda más como hablar con la trabajadora social, la psicóloga... “siempre se hace un seguimiento de todo el mundo. Es un poco recuperar las tiendas de barrio en las que el tendero conocía a todos los clientes y se ayudaba al vecindario; volver a esa sensación de comunidad y que no haya nadie que esté sufriendo sin que los demás hagan nada”, apunta.

Villa Javier, algo más que un comedor

Villa Javier nació hace dos años y medio como comedor, pero no era esa su única función y este año se está comprobando más si cabe. “Queremos ser un vehículo de recuperación personal y de inclusión”, señala su coordinador. Por ello, han creado ocho talleres de formación, sin ser reglados, pero que ayudan a mejorar la empleabilidad y enseña unas competencias básicas. “Nosotros buscamos en algunos casos actividades ocupacionales para socializar y tener un espacio donde estar; y a otras personas ayudarles a buscar un empleo porque es le mejor herramienta de inclusión”.

Estos talleres son de gestión doméstica, conservas industriales, cultivos ecológicos, búsqueda activa de empleo, cocina básica, castellano y dos niveles diferentes de informática.

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Cómo colaborar

Hay diferentes opciones de colaborar con Villa Javier pero, primordialmente, son dos: aportaciones y voluntariado.

Para Villa Javier es muy importante tener socios porque así tendrían más fuerza e independencia. Hacerse socio es muy sencillo y cada uno decide cuánto paga y cada cuánto. “Nos parecía mal dejar a gente fuera con la sensación de que no se ha podido hacer socio porque no le llegaba”. En la actualidad tienen unos 270 socios y les gustaría llegar a los 500. 

También son muy importantes las aportaciones en especie que a través de empresas o personas privadas se realizan para el Capacico o el Villa Javier

Otro factor imprescindible son los voluntarios. “Sólo para los turnos de comidas y cenas se necesitan a 70 voluntarios a la semana. Son 14 turnos, a unas 5 personas por turno. Hemos hecho muchos pocos. Cada turno es poco más de hora y media y al mediodía sales a las 14h. y a la noche a las 21h. Es muy flexible y nos adaptamos”, explica. A raíz de esto ha surgido la reciente oficina del voluntariado, que ayuda a gestionar un poco más. “Nos van a ayudar para hacer las entrevistas de las personas que se acogen. Unas entrevistas buenas y suficientes de tiempo para que cuando alguien venga sepa muy bien qué recursos hay, en qué consiste su labor y ser muy conscientes de a dónde vienen: qué es el proyecto, qué se trabaja y qué tipo de personas se van a encontrar”. 

La Navidad en Villa Javier

Se acerca la Navidad y ya se nota en el Villa Javier, que ya ha empezado a adornarse para la fecha. Aunque sean unos días diferentes, el Villa Javier no para y sigue abriendo para dar comidas y cenas como hace los 365 días al año. Eso sí, en los días especiales como Nochebuena, Navidad, Nochevieja y Año Nuevo habrá menús especiales. 

Desde el Villa Javier se intenta que las navidades sean lo más parecido posible a unas navidades normales, “dentro de nuestras posibilidades. Procuramos dar el mayor calor humano”, destaca Crespo. También hace hincapié en que “me parece que es un valor importante que haya personas que vienen a dar de comer a otras personas en estas fechas”.  

Deseos para el 2019

Son muchos los proyectos que tienen en mente, pero de momento con los pies en la tierra quieren que “los proyectos que están continúen hacia adelante y ser capaces de gestionar cada vez mejor, optimizar los recursos que tenemos y atender mejor a las personas”. 

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