• Diario Digital | Miércoles, 26 de Julio de 2017
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TUDELA

La tragedia de la traca

La tragedia de la traca

Extraordinarias se presentaban las fiestas de Santa Ana del año 1914 ya que el día 1 de agosto se cumplía el octavo centenario de la conquista de Tudela por Alfonso I, el Batallador (esta fecha histórica, ha sido rectificada), siendo programado un gran cartel de festejos, entre los que figuraba una función teatral, con trajes de la época.

Según el programa anunciador, las fiestas daban comienzo el día 25 de julio, para terminar el 30 y continuar otras conmemoraciones hasta el 2 de agosto. Estaban programadas emocionantes exhibiciones de vuelos acrobáticos, espectáculo de moda en aquellos años, pero que finalmente fueron suspendidas por el alcalde, cuando por un fallo uno de los aviones hubo de aterrizar con peligro para los espectadores.

 

El llamado volcán de la Martinica

El día 28 la Plaza Nueva registraba una afluencia de tudelanos inusitada, entonces se celebraban los fuegos artificiales allí, frente a la iglesia del hospital. Los pirotécnicos habían preparado una traca especialísima, con un volcán de fuegos que con poca fortuna fue bautizado con el nombre de El volcán de Martinica, evocando el volcán que en 1902, había causado la destrucción de la ciudad de St. Pierre en la isla Martinica.

La afluencia de público era sensacional, la banda de música del Regimiento de Aragón, sobre un tablado montado encima de la fuente de los angelotes, interpretaba 'La cacería real'. La gente aplaudió repetidas veces esta composición, y se les hizo repetir.

 

Estalla la tragedia

A las 10 de la noche, estaba anunciada la quema del Volcán, y momentos antes se dispararon algunas bombas anunciadoras. La banda del Regimiento tocaba por segunda vez 'La cacería real', y terminada ésta, como comienzo del espectáculo, se dispararon algunos voladores y al fin, llegó el momento de prender fuego al Volcán. Alrededor de esta traca gigante, habían sido colocadas pequeños fuegos, que fueron disparados con gran rapidez, y terminado este preludio, se procedió a prender lo que había sido colocado en el centro del cercado, cubierto de ramaje. Una gran detonación se oyó y a continuación el ruido de cristales que caían rotos. Algo había explotado, produciéndose una tremenda desbandada y todos salieron corriendo sin saber a dónde, pero apartándose del lugar del siniestro. Los que estaban sentados en los veladores, se levantaron precipitadamente, cayendo tanto las mesas como los servicios por los suelos. Inmediatamente circuló la noticia de que había varios muertos y heridos, cundiendo inmediatamente el terror

Este artefacto pirotécnico, estaba compuesto de tres morteros de hierro, cargados de pólvora y enlazados por una mecha, que estaba proyectado estallasen uno detrás del otro. Al producirse la catástrofe del primero, uno de los pirotécnicos, herido y con media mano amputada, tuvo el valor de cortar la mecha, evitando una mayor y desgracia, ya que si estas nuevas bombas llegan a estallar, no se puede saber la extensión que hubiera alcanzado la catástrofe.

 

Un pirotécnico con su mano amputada tuvo el valor de cortar la mecha, para que no estallasen las nuevas bombas, evitando así una desgracia de mayor magnitud

 

 

Espectáculo dantesco

El espectáculo era trágico, por todos los sitios se veía sangre, e incluso, en el suelo de la Plaza Nueva, se habían formado algunos charcos. Pasado el primer momento, Tudela reaccionó ejemplarmente para atender a las víctimas. A Hospital acudieron numerosos grupos llevando muertos y heridos. Los médicos fueron también allí y se multiplicaron prestando sus servicios. La Cruz Roja trabajó incansablemente, los músicos del Regimiento de Aragón, ayudaron en todo lo posible, al igual que gente particular que colaboraba en lo que podían.

El número de fallecidos fue de 11 personas, 9 que fueron enterradas el día 30 y dos el 1 de agosto, ya que murieron después. En el hospital ingresaron ya cadáveres, Mercedes Cuadra de Miguel, de 13 años que se hallaba en un balcón del primer piso de una la casa de la Plaza Nueva con la garganta destrozada; Guillermo Moreno de 45 años que cayó decapitado. Fallecieron enseguida de ingresar o esa misma noche Donato Jiménez de 58 años, con horribles heridas; Juan Sancho Josué de 65 años, ayudante de pirotécnico, con el vientre destrozado; Isidro Benito Gómez de 22 años; Braulio Artazcoz Urtasun, cabo de la Guardia Civil; Javier Pérez Aranda de 12 años, y Benito Sanz Casadabán de 49 años; Benito Royo Vicente, de 28 años que murió el 29 a última hora.

La situación no pudo ser más desagradable, cadáveres totalmente rotos y algunos con vísceras fuera; trozos humanos y fragmentos del cráneo de Guillermo Moneo fueron hallados a gran distancia. El público acudió a los lavabos de los bares de la plaza a limpiarse las salpicaduras de sangre

Heridos hubo muchísimos, los más importante lógicamente a causa de la metralla y otros con contusiones por atropellos. Todos fueron atendidos en las farmacias, casas particulares incluso en el Círculo Mercantil. En el hospital quedaron 7 heridos graves.

Los serenos procedieron con rapidez a regar la plaza, con el fin de quitar el desagradable espectáculo de verse grandes manchas y charcos de sangre, así como restos humanos, que se recogieron en varios sitios.

Ni que decir tiene, que quedaron suspendidos todos los festejos anunciados para la conmemoración del centenario de la Reconquista de Tudela. Todo el pueblo quedó terriblemente consternado.

El Juez ordenó que el cercado, donde estaban los fuegos, quedase como estaba, y a las 11 de la mañana del día 29, realizó una inspección del lugar del suceso, ordenando la recogida de los restos humanos, que todavía quedaban. Triste operación que se realizó inmediatamente.

El Gobernador, vino a Tudela el día 29 por la mañana, acompañado del Secretario del Gobierno, el Comandante de la Guardia Civil, un inspector de Policía y varias personalidades, entre ellas el Conde de Gabarda, reuniéndose con el Ayuntamiento en sesión extraordinaria, a las 12 y media de la mañana, en la que el municipio acordó costear los funerales y excitó a que se socorriese a las familias de las víctimas pobres.

La Corporación, al igual que hizo el Gobernador y el Vicepresidente de la Diputación de Navarra, acudieron a las casa de las víctimas a dar el pésame a los familiares y prodigarles frases de cariño y consuelo.

 

Impresionante funeral

El día de los funerales fue de luto total en Tudela, en el que voluntariamente cerraron todos los comercios, incluidos bares y hasta las farmacias, que la noche de la tragedia, estuvieron abiertas preparando los medicamentos que les pedían.

En el pasillo de la iglesia del Hospital, estaban en fila los nueve primeros féretros. Parejas de la Guardia Civil que habían estado haciendo guardia toda la noche, cuidaban el que a la iglesia no entrasen más que estrictamente los familiares, a las 9, apareció el Ayuntamiento en Corporación abriendo la comitiva los maceros, las mazas con crespón negro, poco después, llego el Cabildo Catedral, con el macero vestido de negro, a la cabeza las cruces de todas las parroquias y el clero rezando el Miserere. Dentro del templo se cantó el De Profundis.

En las calles presenciaban el paso de la fúnebre comitiva todas las mujeres tudelanas, que lloraban en silencio muchas de ellas. Iban enlutadas, dando al sombrío acto una nota de tristeza que imponía al más valiente. El entierro discurrió por la Plaza de los Fueros, Concareras, Plaza de S. Jaime, Rúa, Cárcel Vieja y Plaza de Sta. María. Una vez en la Catedral, rebosante de público como nunca se había visto, los féretros, fueron colocados en mesas preparadas al efecto, se cantó un solemnísimo oficio de sepultura, y acto seguido, la comitiva, volvió, por la calle Carnicerías, entrando a la plaza por Yanguas y Miranda y saliendo por la calle Trinquete al cementerio. El vecindario se hallaba impresionado y más de una mujer y algunos hombres dejaban escapar algunas lágrimas.

Un gentío enorme, subió al cementerio para asistir al entierro. Dos de los muertos fueron inhumados en los panteones de sus familias, los otros siete figuran todavía hoy en unas sepulturas que costeó el Ayuntamiento, mandando construir una verja de hierro que las rodea.

Todavía este mismo día 30 murió en el Hospital, a consecuencia de las heridas, el joven Jesús Pérez Clemos, sobrino del alcalde y al día siguiente Julio Milagro, ambos de 12 años. El entierro y funeral se celebró el día 1 de agosto, prácticamente con la misma ceremonia y boato que los del día 30.

El Ayuntamiento abrió una suscripción con 1.000 pesetas en pro de los heridos y familiares de los muertos, el rey envío un donativo de 500 pesetas, el Gobierno engrosó esta cantidad con 5.000 pesetas más, la Diputación, también contribuyó, así como el público en general, recogiéndose un total de 24.474,21 pesetas, cantidad muy respetable en aquella época, que se repartieron de la forma siguiente: 21.220 pesetas entre los familiares de 18 afectados; 3.150 a médicos, practicantes, hospitales, y Cruz Roja, y el resto para atender a los enfermos que estaban todavía en curación.Nuestro Ayuntamiento costeó un panteón sencillo en el que se lee "Dedicado por el Ayuntamiento y pueblo de Tudela a las víctimas de la catástrofe del 28 de julio de 1914".

 

Luis María Marín Royo