• Diario Digital | Miércoles, 12 de Diciembre de 2018
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TUDELA

Cantando a Santa Ana: con la jota a flor de piel

Las paradas en la procesión para escuchar emotivas interpretaciones para la patrona son ya una tradición conformad a lo largo de los años. Aquí algunos de sus protagonistas.

Los balcones se engalanan para ver a la Patrona
Los balcones se engalanan para ver a la Patrona
Cantando a Santa Ana: con la jota a flor de piel

Tenía que ser muy valiente aquel niño de 11 años cuando, a pesar de las advertencias de que no cantase, volvió a alzar la voz con una jota a Santa Ana en plena procesión de las fiestas de Tudela. El año anterior, hace ahora 32, había sido la primera vez que alguien había detenido la comitiva por motivos ajenos a la organización. Hoy en día, Abel del Rey, ese niño que viste ahora 42 años, sigue acudiendo a su cita con la emoción y el fervor en un balcón de la calle Carnicerías. Como él, son decenas quienes honran a la patrona en su día grande.

Abel del Rey, junto al balcón de Carnicerías donde canta

Del Rey explica que en aquellos años, últimos 80, la procesión todavía era una especie de reliquia de otros tiempos, en la que los tudelanos iban ataviados de traje y sus mejores galas. Nada de blanco y rojo, o muy poco. En lo que respecta a las jotas, esos ‘momenticos’ sin los que la procesión no sería la misma, estaban prácticamente vetados. “Y fíjate, hoy en día, ¿a quién le vas a prohibir cantar a Santa Ana?”, expresa.

Para mí, interpretar la jota es como hablar con mi abuelo, me lleva a mis raíces y me emociona mucho

Abel del Rey

A él le animó su madre en esa primera vez y, desde entonces, no ha fallado. Cada año adapta la letra de una jota popular y la tiñe de referencias sociales y familiares. “Es la forma que tengo de cantarle a mi pueblo”, asegura. A él la jota se la enseñaron desde muy pequeño, sobre todo por la rama de sus abuelos maternos. De hecho, cada vez que hace referencia a la jota y a la procesión, se emociona recordando a sus antepasados. “Para mí, ese momento es como hablar con mi abuelo, se me quiebra la voz. Y antes de que llegue Santa Ana a nuestra altura no puedo evitar ponerme nervioso”, dice quien ha cambiado hasta en tres ocasiones de balcón para seguir manteniendo esta costumbre que le acompaña desde niño.

“Ojalá más gente pudiera cantarle a Santa Ana y a Tudela”, reivindica del Rey, quien mantuvo su particular tributo a la patrona durante los años en los que fue concejal. “Dejé claro que cantar la jota también era una manera de representar a mi ciudad y de participar en la procesión. Una procesión necesita de diversos actores, tanto dentro como fuera de ella”, argumenta.

Desde hace 5 años, a del Rey le acompaña en su jota Natalia Martínez, profesional de la disciplina, con la voz y con la guitarra. “Con su compañía suena mucho mejor, porque los años no pasan en balde”, señala sonriendo.

‘Galácticas’ de la jota

María Herrera, de 41 años, y Sandra Miranda, de 38, se conocen desde niñas. Han compartido aprendizaje y crecimiento en el mundo de la jota. Juntas participan como pareja en numerosos certámenes de Navarra y han representado a la comunidad foral en países de varios continentes mostrando sus dotes de canto. También, desde hace unos cuantos años, protagonizan la primera de las jotas a Santa Ana en la procesión, en plena calle Portal.

María Herrera y Sandra Miranda, joteras desde niñas y fieles a Santa Ana

“Para nosotras es un momento de emoción, de orgullo, de alegría... también de nervios”, expresan al unísono estas  dos amigas que viven con intensidad la jornada grande de las fiestas y que comparten un gran fervor por la patrona de Tudela. 

A estas dos ‘galácticas’ de la jota navarra les ayuda el popular Jesús Mari Arellano, quien adapta la lera de dos o tres jotas y se las entrega minutos antes de que la procesión pase por su balcón para que ellas escojan cuál interpretan.

El del día 26 de julio es un momento de emoción, de alegría, de orgullo... y de nervios; una mezcla de todo

María Herrera y Sandra Miranda

Para ambas, interpretar la jota supone una reponsabilidad. “Cuando hay tanta gente delante, que además está esperando el momento... los nervios siempre están ahí y quieres hacerlo bien”, señala Herrera. Su compañera incluso confiesa que ella no canta mirando a Santa Ana en esa primera parada del balcón. No es la única pieza que interpreta Sandra Miranda en la procesión, ya que junto a su compañero de andanzas joteras Raúl, también entona ‘Luz radiante en tu mirada’ en el encuentro entre Santa Ana la Vieja y la imagen nueva de la patrona en la Iglesia de la Magdalena. “Fue por petición de la Congregación de Santa Ana y la verdad es que es un momento muy emotivo”, expresa Miranda.

Las dos coinciden en que este instante tan especial que se ha convertido en una tradición que pretenden prolongar durante muchos años. “Mientras aguante la voz, seguiremos haciéndolo. Personalmente, la jota es mi vida y no me veo en el futuro sin cantar a Santa Ana”, señala Herrera. Miranda añade: “¡Ya me fui un año a la playa y lo pasé fatal pensando en la procesión y en la jota!”.

Que sea una tradición

Al igual que Herrera y Miranda, Sarah Muro y Cristina Soto, tudelana y ablitera respectivamente, cantan en pareja desde hace tres años. Su ‘momentico’ tiene lugar en un balcón de la calle Mercadal, cuando la procesión se va apriximando poco a poco a sus últimos recovecos.

La tudelana Sarah Muro y la ablitera Cristina Soto cantan juntas a la patrona

Los nervios previos siempre están ahí; solemos quedar una hora antes para que no nos pille el toro

Sarah Muro y Cristina Soto

“Para cantar delante de tanta gente, te tienes que quitar la vergüenza. Los nervios los tienes siempre y en mi caso, aunque no soy de Tudela, siento mucha emoción”, confiesa Soto, quien asegura que pone “mucho empeño”. Para Sarah, el instante en el que la patrona se acerca a su altura produce más sensación de nervios que los que se viven en un certamen de jotas. “Es algo que te corre por dentro y se va acrecentando conforme se acerca la procesión”, señala la tudelana de 31 años, qiue se inició en la jota hace relativamente poco tiempo por la insistencia de su padre, de quien recuerda sus cintas de jotas en el coche.

Ambas interpretan letras a las que ponen una tonadilla u otras específicamente alusivas a la patrona. Ensayan un par de días antes y, sobre todo, se reúnen con tiempo el día de la procesión. “Quedamos una hora antes de que empiece todo para que no nos pille el toro”, reconocen.