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  • Diario Digital | jueves, 18 de julio de 2019
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TUDELA

Tres empresarios riberos, nominados al galardón a Toda una Trayectoria Empresarial

Tres empresarios riberos, nominados al galardón a Toda una Trayectoria Empresarial

Félix Lera

Teresa Osés Turrillas, de la empresa peraltesa Bobinados Osés; Félix Lera Huguet, de Construcciones Mecánicas Rafal; y José Mª Martínez Oroz, de Comercial Oroz, son los tres empresarios riberos que optan al VIII Galardón en Reconocimiento a Toda una Trayectoria Empresarial, que otorga la Asociación de Empresarios de la Ribera (AER). El nombre del galardonado se hará público en el mismo acto de entrega, que se celebrará en el transcurso de una cena el próximo 12 de marzo. Los tres han resultado nominados tras las votaciones efectuadas por los empresarios asociados.

J. Mª Martínez Oroz

Félix Lera Huguet nació en Tudela en 1941. Su trayectoria empresarial es dilatada, y comienza como operario en la factoría ribera de Piher Navarra, S.A., primero en planta de producción, donde fue creciendo hasta ocupar cargos intermedios y finalmente como adjunto a la dirección.Autodidacta, desde su comienzo en la etapa laboral compaginó el horario de trabajo y su afán por formarse, con una especial fijación desde los primeros tiempos en el análisis de procesos, calidad, mediciones, etc. En definitiva, por las mejoras en la gestión. Precisamente de su afán gestor, y de su capacidad de liderar y observar, le surgió la idea de crear en 1979 su primera empresa: Construcciones Mecánicas Rafal, S.L., ocupación que conpaginó durante cinco años con su trabajo en Piher. En 1984, con 43 años, abandonó su faceta de trabajador por cuenta ajena y dio el paso a trabajar por cuenta propia. Desde aquella fecha hasta hoy, ha seguido trabajando para sus empresas, actualmente tres: Rafal, Mapimet y Tudefal. Pero el origen de su historia empresarial se sitúa en Rafal.Construcciones Mecánicas Rafal, S.L., es una firma que inició su andadura en 1979. En 2007 facturó 2,8 millones de euros, una cifra de negocio que procede preferentemente del mercado nacional y del internacional. De hecho, Rafal tiene una amplia presencia en países europeos como Alemania y Francia, y sus productos han penetrado en otros territorios como el belga. Asimismo, los productos de Rafal se dirigen a sectores de actividad tales como automoción, línea blanca, electrónica, electromecánica, línea marrón, mobiliario para el sector geriátrico, tabaco y frío. Del mismo modo, el sector ganadero también se encuentra entre sus clientes, concretamente para medios de identificación y control de los animales.Félix Lera es el administrador de la empresa, en la que no ha parado de invertir desde su creación, tanto en nuevos equipamientos, automatización de procesos, en informática de gestión, o en formación continua de sus trabajadores. Lera ha compaginado a lo largo de su carrera el trabajo y desarrollo de sus empresas, con el apoyo técnico a otras aventuras empresariales. Ha estado donde han requerido su presencia, y entre otros trabajos cabe destacar su participación en el proceso de reconversión de la empresa automovilística Seat en Barcelona, tras la adquisición por parte del grupo alemán Volkswagen. Aquella difícil tarea la lideró López de Arriortua y un amplio equipo de expertos profesionales entre los que se encontraba el tudelano Félix Lera. De aquella intervención quirúrgica, Seat salió airosa al pasar en un año de los 235.000 millones de pérdidas de las antiguas pesetas, con que finalizaba cada ejercicio mientras perteneció al extinto Instituto Nacional de Industria, a 5.500 millones de beneficio. Sin salir de Cataluña, el empresario navarro fue también consejero durante dos años de una empresa catalana del sector del metal, así como analista de empresas, gestor energético, etc. Félix Lera Huguet lidera junto a sus dos hijos tres empresas en estos momentos. Construcciones Mecánicas Rafal, S.L.; Mapimet, S.L., creada en 1995 que realiza estampaciones metálicas y que finalizó 2007 con unas ventas de 1,6 millones de euros; y la más reciente, Tudefal Comercial, que data de 1997, y que se encarga de comercializar principalmente en Alemania distintos productos fabricados en la península Ibérica. La filosofía que ha empleado siempre el empresario tudelano cada vez que ha generado un nuevo puesto de trabajo ha sido la de seleccionar adecuadamente a personas que se han formado en la ETI de Tudela (rama mecánica), con un buen expediente académico. La incorporación de cada profesional ha supuesto su inmediata adaptación a los procesos de la empresa, con una continuada formación. Así, de los 40 profesionales actuales que conforman la plantilla de Rafal y Mapimet, el 95 por ciento tienen formación FP II rama mecánica. La realidad de las empresas dirigidas por Félix Lera Huguet muestra unas modernas instalaciones que ocupan 3.200 metros cuadrados de superficie en el polígono Las Labradas de Tudela, con 210 metros cuadrados dedicados a oficinas en una planta elevada, 900 metros cuadrados dedicados a la producción de Mapimet; y 2.300 metros cuadrados destinados a la fabricación de Rafal. Esta implantación es la tercera que realiza esta empresa que sigue apostando por la calidad (ISO 9001:2000), y por la innovación. Precisamente, es la innovación la que tiene absorbido desde hace unos meses el centro de conocimiento de las firmas, concretado en su oficina técnica. Construcciones Mecánicas Rafal y Mapimet han elaborado un proyecto de envergadura, innovador, que ya ha recibido el visto bueno de los departamentos correspondientes del Ministerio de Innovación del gobierno central y del Departamento de Innovación, Empresa y Empleo del Gobierno de Navarra, en forma de subvenciones como apoyo a la capacidad innovadora y a la implantación tecnológica del mismo. Asimismo, se encuentra pendiente de recibir la aprobación por parte del Centro para el Desarrollo Técnico Industrial (CDTI). El proyecto que Félix Lera tiene en cartera todavía no es público, dado que resulta estratégico para sus firmas. El empresario afirma que será puntero a nivel nacional y europeo, y tanto cree en ello, que no duda al señalar que la plantilla de las dos empresas, con la puesta en marcha del proyecto, crecerá un 50 por ciento hasta los 60 empleados. Podría estar ya jubilado, pero fiel a los principios que guiaron sus primeros pasos como empresario, sigue apostando por liderar un proyecto que, tras 30 años, le resulta suficientemente atractivo, y en el que sigue volcando cada día su conocimiento, su pasión, y su capacidad de análisis y de gestión. “Es la gestión, nuestra capacidad de medir, nuestras posibilidades de análisis de cada cosa que hacemos o que hemos hecho, las que hacen posible que abordemos con entusiasmo y firmeza el futuro”, concluye Félix Lera.

Teresa Osés

José María Martínez Oroz nació por casualidad en Lorca de Yerri el 24 de febrero de 1945, y a sus 63 años, sigue al pie del cañón mimando a sus queridos embragues, y supervisando el trabajo de sus 13 empleados, entre los que se encuentran cuatro hijos y un nieto. Lejos quedan sus primeros años en Lorca (tierra Estella), Milagro y otros destinos de sus padres, ambos maestros de escuela. También queda lejana su llegada a Tudela, lugar de origen de su madre, y un destino definitivo donde echó raíces la familia. Oroz es una empresa tudelana que celebra este año sus 20 años de existencia. Conocida a nivel nacional, tiene en el Valle del Ebro y en ocho provincias cercanas como son Álava, Palencia, Burgos, Soria o Zaragoza, sus principales nichos de mercado. El origen empresarial de la familia Oroz se remonta a su abuelo Alberto Oroz, fundador de la Imprenta Oroz, que más tarde pasó a ser Imprenta Martínez e Imprenta Muskaria. José María, no obstante, inició su andadura profesional a los 13 años fuera de la estructura familiar, trabajando en Doria (lo que era la Seat), como pinche, un rato barriendo y otro de recadista con los paquetes, repartiendo a pie, y más tarde con una bicicleta. Con 18 años, un buen día recibió los atrasos de un salario que apenas alcanzaba las 254 pesetas al mes. Juntó 3.000 pesetas y se marchó a Ximénez (Firestone), donde permaneció dos años. La veintena recién alcanzada le dieron la oportunidad de viajar en moto hasta la Bretaña francesa, en compañía de su amigo, hoy catedrático, Alberto Pérez Calvo. Iba para cinco días, y se quedó cinco años. Su vuelta a España no fue en solitario: se trajo mujer y dos hijos. Pero los servicios a la patria los tenía sin cumplir, y no le quedó más remedio que realizar la mili en Ceuta. A su regreso, se encontró que su hermano Alberto se había puesto por su cuenta, y se asoció. Ahí comenzó su andadura en serio, y ahí inició su vocación de ventas, ampliando geográficamente el negocio con clientes de Burgos, Palencia o parte de Valladolid, además de Soria, La Rioja, todo Navarra, Álava o Zaragoza. Y así, hasta 1987, año en que decidió dar el paso definitivo y crear Oroz en unas pequeñas dependencias, sin luz solar, pero con una amplia cartera de clientes, que con una amplia dedicación, debería mantenerse y aumentar. Para ello, hipotecó la casa y vendió un huerto. No fue en vano. Diez años después, la necesidad se impuso de nuevo, y adquirió los terrenos de Gallina Blanca, una parcela privada que hoy se inserta en el polígono municipal de Tudela. Una nave de 2.500 metros cuadrados que acoge oficinas y un amplio almacén que permite servir a todo España, gestionando un stock con más de 24.000 referencias. Todas ellas, dirigidas a sectores como la automoción o el agrícola. De hecho, Oroz, que obtuvo la certificación de calidad ISO 9001 de Aenor, administra el mayor stock del mercado de embragues, lo que le convierte en líder de suministro de embragues al sector agrícola. Oroz cuenta con más de 3.000 clientes, que junto al aval con que cuentan de las principales marcas fabricantes, le obligan a realizar continuas inversiones en mejoras en el almacén y en los sistemas informáticos de gestión. De hecho, la logística ocupa una gran parte en la vida de la empresa familiar, para conseguir suministrar en menos de 24 horas a cualquier punto del territorio peninsular. Todo ello, permite a Oroz afirmar que son líderes en España, islas y Portugal en el servicio de entrega de embragues, y ocupan lugares destacados en la distribución de repuesto de otros componentes, lo que les convierte en un destacado aliado de la industria. José Mª Martínez Oroz es un enamorado del trabajo, de los embragues y de la Ribera. “Yo soy optimista y tengo mucha confianza en el potencial de la Ribera y de su industria”. Ésta es una de las razones que le invitan a ocupar cada día la silla del despacho, desde donde divisa el Moncayo “me relaja mucho esa vista”, y desde donde observa el despacho de mercancías y al continuio ir y venir del personal en el almacén. “Hago piragua y bicicleta, pero soy un enamorado de los embragues. Es la niña bonita de esta empresa y por eso sigo siendo yo el responsable de ese mercado. Necesito y quiero seguir viniendo a la instalación y no me jubilo porque no sabría vivir fuera de este mundo”, concluye el empresario.

Teresa Osés Turrillas es hija de peralteses, pero por circunstancias de la vida nació en Cádiz en 1960. Tras cinco años por la tacita de plata, volvió con la familia a la Ribera y vio nacer y desarrollarse el proyecto empresarial de su padre en el mundo de la construcción. Asegura que si hubiera sido hombre habría continuado por esos derroteros. Pero no fue así. Con 14 años se puso a trabajar en Azkoyen, y por azar, terminó en la división de electrónica. Varios años después el fabricante industrial de máquinas de vending iniciaba su despegue, subcontrataba, y permitió que el matrimonio Osés, Teresa Osés y Leocadio Osés, decidieran en 1987 dar el paso y empezar a fabricar bobinas en una habitación de su casa. Teresa todavía guarda la vieja máquina bobinadora. La aventura duró poco tiempo en ese emplazamiento, pues el nacimiento de su primer hijo les obligó a desalojar la habitación para pasar a una pequeña bajera. Sin tiempo para digerir lo que estaba pasando, el matrimonio Osés tuvo que decidir de nuevo, en 1989, el traslado al polígono Gargantúa de Peralta, sobre una parcela de 1.000 metros cuadrados, con 600 de nave y 400 de almacén, además de 35 empleados. Habían comenzado como una solución de autoempleo, y de pronto, se encontraban con una empresa en toda regla. Teresa y Leocadio tuvieron el coraje del emprendedor, y la suerte del principiante. Estuvieron en el momento justo en el lugar apropiado. Azkoyen, su gran cliente durante años, para ellos y para la mayoría de las empresas de Peralta, provocó un boom industrial al propiciar iniciativas tecnológicas, productivas, innovadoras… todo ello, en torno al sector de vending. Bobinados Osés era toda una realidad industrial que había nacido, crecido y desarrollado casi de la noche a la mañana. Pero cuando mejor estaban llegó la señora competencia. En 1994 Azkoyen planteó de golpe a todo su parque de proveedores una reducción en los precios del 30 por ciento. O lo cumplían, o se marchaba a comprar a Taiwán. Apareció Extremo Oriente y lo primero que pensaron fue en bajar la persiana. Pero Teresa asegura que de la búsqueda de colaboración y asesoramiento externo, y de la cooperación y colaboración leal entre proveedor-cliente, siempre salen procesos positivos. Y de hecho, la ayuda de AIN y la colaboración de Azkoyen, que entendió que un cambio así no se podía producir de un día para otro, Bobinados Osés se introdujo en una nueva cultura: la mejora continua, el análisis de procesos, y el fruto no se hizo esperar: la reducción de costes fue del 36 por ciento.No obstante, dos años antes, en 1992, la empresa de Peralta había comenzado la actividad de marcaje con láser, buscando la diversificación mediante alta tecnología. Aquel negocio inicial hoy constituye una nueva empresa: Osés Lasermarker, con 80 clientes de todo tipo de sectores (plástico, madera o metales), que buscan el marcado indeleble y técnico.Aquel proceso de reconversión fue beneficioso para todas las partes, y de hecho, Bobinados Osés salió fortalecido. El momento álgido de la empresa fue 2001, con el cambio del euro. Bobinados Osés multiplicó por 2,5 veces su plantilla. Lo mismo el resto de las empresas de Peralta. Y todos sabían que aquello era sólo por un año. Lo cierto es que aquella sobreproducción fue la verdadera prueba de fuego para el nuevo sistema de calidad y producción implantado en la empresa, y el resultado, a juicio de esta mujer empresaria, fue positivo.

2002 fue un ejercicio de inflexión. El 1 de enero Osés contaba con 80 personas trabajando a tres turnos. Sólo seis meses más tarde, la empresa planteó un Expediente de Regulación de Empleo. Pero como no las pintaban tan optimistas, la empresa estuvo diseñando desde dos años antes un departamento de I+D y de Marketing Comercial. Algunos indicadores avisaban, a pesar del crecimiento salvaje que habían experimentado: hasta ese momento les compraban, y a partir de entonces tenían que salir a vender. Así llegaron al I Plan Tecnológico de Navarra, al que se subieron, lo que les permitió realizar una fotografía real de la situación de la empresa. También se sumaron al Pipe 2000, un programa de apoyo al exportador del que sacaron la conclusión de que no estaban preparados para salir fuera, pero les permitió diseñar una estrategia de ventas, que con la ayuda de nuevas herramientas como internet, supuso la salida a la calle con el objetivo de captar nuevos clientes. En la segunda visita que realizó Teresa Osés descubrió un artilugio nuevo: el transponder. Contenía tecnología por radiofrecuencia, estaba compuesto entre otros elementos de bobinas, y Bobinados Osés las fabricaba. A Teresa le resultó atractivo a nivel de producción y con Leocadio, aceptaron el reto. Sin esperarlo, descubrieron la tecnología RFID. En un primer acercamiento, percibieron que era una tecnología nueva. Sin embargo, ya la utilizaba la fuerza aérea norteamericana en la II Guerra Mundial. Descubrieron que en ese sector se habían posicionado multinacionales, lo que casi les echó para atrás. Pero eran empresas globales con soluciones globales, y ahí encontraron su encaje: podrían trabajar la especialización, con un menor tamaño y menor coste y una atención más cercana. Y se sorprendieron, poco a poco, con más cosas: que no hay verdaderos especialistas en RFID, que la tecnología tiene mucho I+D, mucho valor añadido, y que se fabrica en Europa y USA. Todo ello convirtió el reto en algo muy atractivo para una empresa de Peralta y pyme. Sin casi pretenderlo, un poco por intuición, y otro poco por haber estado en los lugares adecuados en los momentos oportunos, Bobinados Osés había pasado de ser una empresa con personal cualificado en producción, a una firma con personal cualificado en conocimiento. Fue la salida a una pyme que quería seguir en el mercado, y sin deslocalizarse, lo que obligó a una peraltesa como Teresa a dejar en el camino a una buena parte de sus trabajadores, gente conocida, caras que les habían acompañado durante años, incluso vecinos del mismo pueblo. Una de sus decisiones más difíciles: éso, o no seguir en el mercado. Hoy, Osés RFID es una empresa del Grupo Osés dirigida por Teresa, junto con Bobinados Osés y Osés Lasermarker, que se ha convertido en la única empresa española que desarrolla RFID, que fabrica con tecnología RFID, y que patenta tecnología RFID. Es el único fabricante español en transponder de 125 khz, cuenta con cuatro patentes y dos modelos de utilidad, además de ser propietaria del dominio en internet www.rfid.es En estos momentos empieza a ver la luz con apoyos públicos desde organismos del Gobierno central y del Gobierno de Navarra, apoyo financiero, apoyo técnico de centros tecnológicos, y vía contratos. El mercado comienza a estar maduro, e incluso empieza a conocer las aplicaciones de esta tecnología. Todo ello está haciendo que Osés, después de haber invertido en investigación durante varios años, y de haber apostado por la calidad (ISO 9001), esté presente con aplicaciones de tecnología en radiofrecuencia en sectores tan dispares como la medicina, agroalimentario, eólico o la logística. La empresa que dirige Teresa habla de identificación, trazabilidad y movilidad. Ha patentado un transponder que se lee dentro del metal, aplicado para la automatización de procesos, y ha puesto en marcha un proyecto de instalación de transponder al ganado porcino, en colaboración con el ITG. El último paso ha sido la vuelta al Pipe 2000, con la vista puesta en el exterior. “Era un paso natural, porque somos una pyme local con una tecnología universal”, afirma Teresa Osés, una empresaria ribera.